lunes, 5 de octubre de 2015

Cosas que pasan.

Ayer en Mendoza llovía livianito. Y cuando en Mendoza llueve, todo se desbarajusta un poco; la gente no quiere ir a trabajar, los autos andan como locos porque tienen poca experiencia bajo ese tipo de condiciones climáticas atípicas, los colectiveros andan enojados y la gente se malhumora más fácil. Yo no fui la excepción. Tenía que ir al centro a hablar con unos tipos insoportables de una agencia que creían que yo, con mi mochila llena de pelos de gatos y mis zapatillas de lona, venía a robarles el negocio. Ayer todo me chupaba un huevo porque estaba enojada con la vida y aunque sabía que la reunión era formal, me vestí como se me cantó. 


Bueno, la cosa es que después de que pasó una camioneta y me salpicó el pantalón con barro, (esa calle está en muy mal estado, la odio también) escuché un bocinazo seguido de una puteada. Salí de mi ensimismamiento negativo y miré hacia adelante. A media cuadra iba un señor de unos sesenta años, muy flaco, pelo canoso y gorrita mojada. Muy desabrigado: camiseta manga larga blanca, pantalón roto de corderoy y alpargatas. Roto pero limpio, el señor, que me hizo a acordar a mi abuelo cuando era más joven, iba empujando un carro con cartones. La calle es de subida y llena de pozos, llevaba la ropa mojada y se notaba que físicamente el hombre estaba bastante desgastado como para hacer ese tipo de trabajo. Iba por la orillita del camino con su carro, por la vereda obviamente no se puede. A él no sólo lo salpicaron sino que lo insultaron. Él fue, para mí en ese momento, el "podría ser peor"; yo podría haber sido, para él en ese momento, el "de qué se queja". 


Obviamente para la gente que pasaba abrigada en sus autos, para quienes estaban enojados en la parada porque el colectivo no pasaba, para la señora que salió a sacar la basura y se metió rápido (tendría la tetera en el fuego) e incluso para mí, ese señor era un punto en la calle. Un detalle más del cuadro lluvioso. Una cosa más de todas las cosas que no están bien en "la sociedad" (entrecomillo porque odio que digan la sociedad como si fueran "los otros". La sociedad sos vos y soy yo, eh.) y que ni yo ni nadie puede cambiar. Era cierto que yo no podía hacer nada para cambiar la realidad de ese hombre pero me dejó pensando mucho. A lo lejos vi venir por fin el colectivo, todavía estaba a la vista el señor del carro porque avanzaba despacito. Cerré los ojos, sentí una gota fría en uno de los párpados y me apuré a pensar: "ojalá seas feliz, hoy, mañana, algún día. Ojalá cuentes con un abrazo cuando te haga falta, llegues a tu casa y tengas una comida calentita. Ojalá nadie más te insulte, ojalá puedas trabajar, ojalá no te enfermes. Ojalá alguien más pueda pensar en vos un ratito con amor." No creo que se haya enterado de que pensé así sobre él, tampoco creo que haya cambiado nada en su vida. Pero sentí que era todo lo que podía hacer en ese momento y lo hice. Creo que de eso se trata...


Y a mí... a pesar de ir vestida muy inconvenientemente para la ocasión, me fue bien en la reunión.

jueves, 27 de junio de 2013

Conversar

No es que sea antipática ni que no me guste conversar pero la verdad es que a veces no sé cómo seguir una conversación, ¿entendés? De vez en cuando me dicen cosas que no sé cómo contestar ¿Qué les voy a responder?: "¿Ah, mirá vos?" o "¿Y yo qué querés que haga?" Eso queda muy desubicado. Aunque alguna gente no se da cuenta de que la desubicada en realidad es ella por contar todo el tiempo cosas irrelevantes que a casi nadie le interesan.
 ¿Y si no? ¿Y si en realidad la gente necesita desahogarse y me elige a mí para quemarme la cabeza porque soy buena? Y sí; la gente necesita expresarse, eso está bien. Y uno debería contemplar esa situación y actuar como persona de bien. Después de todo te hacen el honor de hacerles de oído. Debo parecerles un ser de luz. Uno de esos que se llenan de bichos tarados.
Tal vez nada tiene que ver con nada y soy yo la que no sabe charlar. Que mirá qué lindo esto, mirá qué lindo aquello (¿se podrá practicar eso o se nace charlador, no más? porque a mí no me sale.)
 Mejor me sigo haciendo la que me quedé sin palabras. Con alguna gente, porque con otra... qué lindo es conversar.

lunes, 4 de marzo de 2013

Ir.


Te dejo ir con la condición de que me dejes ir de vos. 
Dejame con la prepotencia, con el orgullo y la imposibilidad de expresarme atoradas en la garganta. Dejame a mí, que de lejos siempre he querido mejor. A veces pienso que soy experta en olvidar de cerca y querer de lejos. Dejame con la inconstancia y el miedo arremolinándose en secreto, armando el nudo invencible en ese lugar donde aprieto los dientes y la garganta. Dejame con la impotencia apretando los puños sola. 
Dejame.
Dejate.
Ir. 
Te digo la verdad: a veces no tengo bien en claro quién tiene que dejar ir a quién.
Dejame creer que yo te dejé ir a vos.



miércoles, 20 de febrero de 2013

Pensaba en vos.




Pensaba en un hogar. Pensaba en vos.
Ir, venir. Esperar. Ir, venir, volver. Extrañar.
Abrir la ventana para dejar correr el tiempo.
Inventar una escalera para subir el ánimo.
Pesarme la conciencia y medirme las consecuencias.
Ir, venir. Esperar. Ir, venir, volver. Extrañar.
Volver y quedarse para siempre.

Pensaba en un hogar.
Pensaba en que no importa dónde estemos
porque abrazarte...
abrazarte siempre es volver a casa.

jueves, 17 de enero de 2013

Todo.

Tumbada boca arriba te espío de reojo desde el libro nuevo con olor a nuevo que me regalaste.
Calor. 
Un torso desnudo y conocido.
Pero todo huele a nuevo. Hasta nuestro amor parece nuevo.
Silencio.
Hoy no hace falta que digas nada, con tu presencia alcanza.
Tengo los ojos inyectados en poesía y horizontes nuevos.
El aire limpio y los pulmones llenos de sol. Llenos de vos.
Me detengo, vuelvo la vista y ahí estás. Adentro mío también.
Silencio.
Esta vez tu presencia lo dice todo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Pasajera.


Porque si hablo de sueños, yo casi siempre sueño en violeta.

Te sueño pero te creo.

A veces cruzo los brazos sobre el pecho como si se me fuera a escapar el alma. Y tanto creo en vos que me abrazo a tu recuerdo y me consuelo. Porque me hice más grande que el miedo.

Tanto creo en vos que cuando se me hace de noche me ilumina la luz de nuestra casa. Nuestro hogar. Y la luz de ese sol que todavía no salió pero está ahí. Ya casi.
Un sol, varios soles.
Soles que ya estaban escritos desde antes de nosotros. Que me visitan en sueños. Y nuestra casa. Y nuestros sueños infinitamente más grandes que todo.

¿Cómo decís que era mi sonrisa? Así sonreía en el tiempo en el que era yo pero todavía no era. Porque todavía no viajábamos juntos. Porque no éramos.

Tanto creo en vos que decidí que me iba a quedar desde antes de haber llegado.
Sólo quiero escribirte para que me recuerdes como la que siempre fui. Ésa. La pasajera de tus sueños que se quedó. 
Siempre.
Tanto creo en vos...

martes, 20 de noviembre de 2012

Ciertas premoniciones.




Camino por la vereda cuando baja el sol y te recuerdo. Rostros conocidos, las mismas calles. Si hasta me parece que el aire fuera el mismo que en ese entonces.

Y es que yo tengo un extraño sentido de pertenencia con los lugares. Algunas veces creo que las calles por las que caminamos juntos son nuestras. Otras, que nosotros le pertenecemos a ellas. De vez en cuando siento que cada árbol, cada pájaro y cada esquina me desconoce cuando no estamos juntos. 

No sé desde cuándo, tampoco me gusta explicarme esas cosas pero hace mucho tiempo que tengo esa certeza. Y los sueños tampoco colaboran. Sigo con esa bendita o maldita costumbre, quién sabe, de creer que no son sólo sueños.

Y es entonces cuando todo cobra sentido. Desde antes de que nos conociéramos, ellos ya lo hacían. Mejor que nosotros mismos.

Un día caluroso de diciembre, una premonición, una canción, cinco viajes, treinta y tres abrazos, cien lágrimas y mil suspiros.

Creo que encontré a tus hijos, te dije.

Creo que ellos nos encontraron a nosotros, te digo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Un cuadrito en la pared.


La soledad. Pienso en vos y miro el cuadrito en la pared.
Nos abrazamos. Y mientras estoy entre tus brazos miro a través de tu hombro hacia la nada y ahí es cuando te veo con los ojos cerrados, respirando. Respiro. 
Respiro sosteniendo el aire como si pudiera guardarme el tiempo en el pecho. Por un rato más, al menos. 
El abrazo se suelta de golpe, con el apuro de no querer demorar lo impostergable.
Cierro los ojos. Respiro. Los abro y ahí estás, yéndote. Con los ojos como necesitando en silencio desde el vidrio de la ventana. Me mirás, te miro, cada vez más lejos. Nos fuimos, otra vez. Otra horrible vez.

Saco las llaves apurada (¿Para qué?) y abro la puerta. Si ya no estás.
La soledad. La felicidad y la tristeza cronológicamente programadas. El día que se vuelve silencioso y la noche que se llena de ruidos. El insomnio, otra vez. 

Respiro. Abro los ojos, pienso en vos y me veo mirando el cuadrito en la pared. Ahí estamos, representados en un futuro que se dibuja perfecto. Uno que promete y cumple.
Ya no estamos ni tan solos ni tan lejos. 
Ahí estás vos, dentro mío. Y en el perfume que dejaste en el aire.
Acá estoy yo, extrañando futuros que aún no sucedieron. Esperándote, otra vez.


domingo, 21 de octubre de 2012

Piedritas en la pared.

- Hola, Virginia ¿Podés salir a jugar?
- No. Recién me llamó mi abuela que ya está lista la merienda. Más tarde.
- Pucha. Bueno, te espero acá afuera.
- No, mejor andate a dar una vuelta en la bici y volvé después, Rosario.
- Bah ¿Por qué?
- Porque siempre tocás las piedritas brillantes de la pared y se rompen. Son de mi abuela.
- Nada que ver. Qué mala sos, las estoy mirando no más.
- Las estás tocando y se van a salir. Son de mi abuela, te digo.
- Andá, sos re mala. Además son feísimas las piedras esas, parecen vidrios de botella.
- Vos sos una envidiosa. Le voy a contar que le estás rompiendo la pared y que decís malas palabras, seguro no me va a dejar juntarme con vos.
- ¿Sabés qué? No hace falta, nena. Andá a jugar con tu abuela, yo no juego más. Te vas a quedar sola por egoísta. Chau.

Y efectivamente, después de casi veinte años Virginia está bastante sola. Me contaron. Su abuela aún vive y yo, cuando paso por ahí, como hice siempre a partir de esa tarde, paso cerquita y como quien no quiere la cosa, camino rozando disimuladamente con un dedo o dos las piedritas brillantes de la pared. Y sonrío. Recuerdo. Y tengo ocho años otra vez. Y sonrío.

sábado, 20 de octubre de 2012

Otra carta sin enviar.


Sábado a la noche y.. ¿Otra vez ya es mañana? Domingo. Otra vez domingo. Los sábados no me gusta ir a dormir temprano, aunque me quede en casa. Prefiero extender la previa de ese día al que incluso después de diez años de vivir sola, no me he acostumbrado. Pero hoy dicen que es el día de la madre. No sé, así dicen. Y entonces pensé en escribir. En escribirte.

Recuerdo esos domingos a la mañana. Me iba corriendo hasta tu cama y te miraba mientras dormías, como queriéndote decir: ¿Te acordás de mí? Soy la que canta en voz alta, la que escribe con crayones las paredes, la que corta las rosas de la abuela y le echa la culpa de todo a los gatos. Soy la de la biblioteca, la de las manzanas verdes debajo del árbol de la plaza. La de las manos embarradas. Soy yo, la que pasa las mañanas en la carpintería porque nunca estás.

¿Pero vos quién sos?
Recuerdo tu pelo ondulado hasta los hombros, tus carteras enormes llenas de todo y nada, tus ojeras, tu palidez y tu café. Tus manos grandes, frías y descuidadas. Tu tristeza y tus ganas de escapar ocultas bajo tu rostro inmutable. Tu incapacidad para mantener una conversación durante más de tres minutos.
¿Te acordás cuando te leía lo que escribía? Mirabas fijo, con los ojos extraviados, pensando quién sabe en qué otras cosas. Te adormecías. Tus ojos siempre vacíos de lágrimas y llenos de ausencias. Tu eterna ausencia. A veces también cantábamos ¿Te acordás? Es probable que ya no.

Tal vez mi sensibilidad para recordar los detalles me juegue en contra y me haga exagerar momentos y situaciones. Pero así te recuerdo. Y así también olvido: con todo.
Te fuiste dos días antes de mi cumpleaños ¿sin decir adiós? Tal vez lo dijiste y no lo escuché. Tal vez fue un hasta luego porque vos tampoco querías irte. Dejame, que yo de vez en cuando lo quiero pensar así. 
Qué paradoja la de no encontrarte aún sabiendo dónde estás. A veces me vuelvo a preguntar qué habré hecho mal, a veces creo que hice las cosas demasiado bien. Crecí y hay cosas que ya no duelen tanto.

Hoy es un día extraño. No sé para qué habrán inventado días como estos. Después pienso que tal vez llegue uno en el que yo sí pueda festejar en paz. De hecho, estoy segura de que lo voy a hacer. Ojalá llegues a verlo y te haga bien verme feliz. Aunque sea a la distancia, no importa. Hoy no te voy a decir feliz día. Hoy te voy a decir aunque nunca llegues a escucharlo, que después de muchos años te perdoné. 

Ojalá alguna vez nos volvamos a encontrar en serio, mamá.

lunes, 15 de octubre de 2012

La felicidad es otra cosa.


Cocino para uno pero en realidad para dos. El vidrio está empañado y dejo una marca con el dedo. Un trueno. Mientras se calienta el agua miro con los ojos ciegos y helados por la ventana hacia no sé dónde. De esos momentos en los que mirar es sólo una excusa para mantenerse despierta, para mirar sin ver. Para recordar. Te recuerdo. 
Entreabro la ventana y llega ese olor a lluvia que me gusta tanto. Respiro profundo, cierro los ojos y retengo el aire la mayor cantidad de tiempo posible, como para que me llene el alma si es que se puede.
Pero la felicidad es otra cosa.
Como cuando bajo del taxi de tu mano sin mirar atrás y con la certeza de que ya no me falta nada. Como cuando te veo sobre mí, sonriendo en silencio, abrazándome el pecho y el alma con los ojos cerrados. Ese instante de felicidad abrumador e inconciente en el que nada más importa. Que se caiga el mundo a pedazos, vamos.
Otro trueno me saca del trance y me obliga a soltar el aire de golpe y ahora, la mirada atónita sobre el agua derramada en la cocina.
Es otra noche más de esas que significan una noche menos. Y yo sigo acá esperando. Esperando y extrañando los futuros que aún no sucedieron.
Es que a partir de vos la felicidad, la felicidad es otra cosa.

jueves, 2 de agosto de 2012

Otro sin título.

En medio del silencio de la noche lo escucho. 
Llega corriendo y llorando. Hace ruido descaradamente. 
Abro los ojos y.. ¿Viste la hora que es?
Golpea las ventanas. A veces una, a veces todas.
Siempre logra despertarme.
Lo que no logra es que me asuste, ya somos viejos conocidos.
Me viene a buscar pero no me pregunta si quiero ir.  
Es tan caprichoso que...
Vuelvo a cerrar los ojos.  
Me dejo llevar y él me lleva como dormida, ignorando el tiempo y el espacio. 
Soy del viento, me digo. 
Voy donde él quiera llevarme.

domingo, 29 de julio de 2012

Otra mirada sobre el amor.

A este texto lo armé en base a conceptos de otro que escribí cuando tenía once o doce años. Esto pensaba y sigo pensando quince años después.


Siempre tenemos como una de las premisas principales que el verdadero amor no es egoísta. Pero al mismo tiempo también todos estamos de acuerdo con que el que no se ama primero a sí mismo no puede amar a otro. Y definitivamente hay una contradicción entre estos dos conceptos. El ego es una instancia en la que nos hacemos concientes de nuestra propia identidad como personas y nos reconocemos como yo. Concepto básico de psicología que recolecté por ahí, algún día no sé cuándo y se quedó en mi memoria para formar parte de la amplia "fauna" de recuerdos que se mezclan con mi propia visión del mundo. Qué sé yo, me gusta afirmar conceptos que reinvento y después considero universales. Y me gusta irme por las ramas.


Sigo. Estoy hablando más precisamente del amor de pareja o amor romántico, si es que el amor admite algún tipo de etiqueta. Ese amor que desde siempre ha sido objeto de innumerables odas a su nombre. Nos encanta escribirle al amor, nos fascina idealizarlo y creer que es como a nosotros nos conviene que sea. Lo más maravilloso que existe en el universo, o el sentimiento más inútil y cruel que nos hizo víctimas de traiciones y engaños de todos colores.


¿De dónde viene el amor? Ó ¿Para qué amamos o por qué amamos?
Aunque a nuestra mirada romántica del asunto le parezca inconcebible -porque a veces el sentir no permite pensar y viceversa- no se ama gratuita, desinteresada ni incondicionalmente.
(Y es ahora cuando por esta puerta que se encuentra a mi izquierda irrumpen violentamente sicarios enviados por los defensores del amor, psicólogos portando armas y espectadores fanáticos de las novelas mexicanas de la tarde.) Me volví a ir.


Resulta que no hace mucho, hará cosa de dos o tres años me vengo a chocar de frente con otro concepto de esos contradictorios que me encanta pensar y repensar, hacer y deshacer y de los cuales no puedo asegurar la fuente ni la completa objetividad. A mí también me gusta añadir y quitarle matices a las verdades según mi antojo. Hablo del egoísmo ético. Todo lo contrario al altruísmo.
Egoísmo ético ¿Cómo puede ser posible la combinación de palabras que parecen tan opuestas? Si hasta parece que una negara la existencia de la otra. Y es que en nuestra mente el egoísmo sólo tiene connotaciones negativas. Y bueno, la definición tampoco es maravillosa. Afirma que ayudar (amar en este caso) lleva implícito un beneficio simultáneo o posterior para nosotros mismos. Amamos como medio para. 
Amamos para ser felices, para no sentirnos solos. Amamos principalmente para sobrevivir emocionalmente. Estamos destinados a sentir amor.
Amamos para llenar lo que nos falta, para encontrarnos en el otro. Nos sentimos incompletos y vivimos en la búsqueda constante de esa pieza que encaje perfectamente en nuestro rompecabezas. Somos y entonces puedo ser.


Y es sobre todo en esa etapa divina del enamoramiento inicial, llena de luces, música y colores cuando se potencia todo esto. Quiero y necesito que estés la mayor cantidad de tiempo posible conmigo, quiero parecerte la persona más hermosa, linda y perfecta. Quiero que me desees, que me quieras a tu lado, que me pertenezcas. A mí y sólo a mí.
Después, en el mejor de los casos y si todo marcha bien, llegan las certezas y tal vez el amor. Y es entonces cuando "daría todo" para que seas feliz. Quiero verte cumplir tus sueños, quiero contenerte, quiero protegerte y en algunos casos el pensamiento obsesivo de que "si te pasa algo me muero", porque el amor suele generar dependencias casi inevitables. Porque eso me hace feliz a mí -te amo.- Vos me amás porque te hace feliz y sos feliz porque me amás. Y si yo te correspondo, felicidad completa. Y esto implica ganancia por donde se lo mire. Nos hacemos felices.
No es algo negativo. Después de todo el verdadero amor con el tiempo se va depurando y lleva consigo muchas renuncias y entregas personales que le permiten seguir vivo.


Nunca falta el caso del que alega que le rompieron el corazón. El que no puede olvidar porque "ama demasiado". Muchas veces no pueden aceptar que no tienen herido el corazón, lo que tienen herido es el ego. No estoy herido porque no puedo hacerte feliz, me duele no poder ser yo feliz con vos. No es fácil asumir el no ser correspondido. Y ahí se ve todo más claramente. "Te necesito." "Me duele" y un te extraño que suele significar "Me extraño con vos."


No se trata de bastardear al amor. Si lográramos asumir que no somos perfectos y que por lo tanto nuestro amor tampoco puede serlo -todos nuestros sentimientos como humanos son limitados- nos ahorraríamos muchas decepciones.
Yo estoy enamorada. Yo amo. Es lo que resignificó mi vida y le dio sentido. Todos estamos de acuerdo con que el amor, sobre todo cuando es correspondido, es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Escribo esto porque como siempre digo, mi mente es un continuo fluir de ideas que se enroscan y desenroscan en sí mismas, porque me gusta pensar las cosas al derecho y al revés y porque escribir para mí es vomitar cósmicamente. Aunque, para ser sincera, la mayoría de mis reflexiones no me llevan a ningún lado. En esto de los sentimientos uno puede analizar todo lo que quiera, pero a la hora de actuar todo sigue en el mismo lugar. No soy la más indicada para bajar de un hondazo a los que viven en las nubes.
Porque como alguna vez dije: "Me puse a pensar y prefiero sentir."



miércoles, 13 de junio de 2012

Tu abrazo y mi sonrisa.

Imaginar tu abrazo, viajar tan sólo con un pensamiento.
Recordar, desear y sonreír al mismo tiempo.
No se me ocurre mejor conexión que esa.
Cuando sonreímos juntos, nos hacemos tan grandes y fuertes
que la distancia y el tiempo se vuelven nada.
Cerramos los ojos y desaparece,
estamos acá, juntos otra vez.
Y yo estoy de nuevo ahí,
volviendo a nacer en ese primer abrazo,
con el que te metiste dentro mío
para siempre.

lunes, 21 de mayo de 2012

Lunes.

Salto de la cama a las seis. Más temprano que de costumbre. Estoy tranquila pero me parece que te extraño. No me acuerdo bien qué día es hoy. Los lunes tienen esa mezcla rara de pesimismo y esperanza, de nostalgia y olvidos que me confunde y me fascina a la vez. Qué sé yo.
Apago un cigarrillo a medias después de casi tres días sin fumar. No me puedo dar el lujo de perder el colectivo hoy. O sí. Ya desde lejos se ve repleto de gente. Las pocas miradas desconocidas que se cruzan con la mía, tienen esa hostilidad característica que sin palabras me dicen: "No me preguntes nada, no me mires, ni siquiera te acerques. Hoy es lunes."
Al menos esta vez conseguí asiento. Ya me estoy acostumbrando a viajar en esos que te enfrentan cara a cara con la mayoría de los demás pasajeros. Casi puedo decir que ya no me mareo. Pero a las miradas que examinan aburridas, a esas sí que no me acostumbro. Así que miro por la ventanilla evadiendo al mundo. Cierro los ojos. Y ahí es cuando te veo mejor. Pero es sólo por un rato, el viaje se pasa rápido. Las ganas, como los lunes, no.
Por primera vez en mucho tiempo no voy tarde. Me atrae esa adrenalina de sentirme al límite con el tiempo. Sinceramente y en secreto, me pasa con casi todo.
Fin del viaje. La calle. Como de costumbre me enojo con los que caminan lento y haciendo zig zag. Apuro el paso, adelantando gente. De repente me llegan a la mente imágenes, que se transforman en recuerdos, que ahora es nostalgia. Una vez caminamos juntos por esta vereda. Cierro los ojos. Te veo caminando a mi lado. Los abro. Listo.
Hoy el mundo parece estar conspirando contra mis ganas de olvidarme de que es lunes.
El café ya está frío, pero lo termino igual. Es temprano todavía y esa intolerancia desafiante que corta el aire como un cuchillo parece no tener en sus planes irse.
Cierro los ojos. Te veo diciéndome que todo va a estar bien. Los abro. Listo.
Puedo seguir. Tal vez el lunes se pase rápido. Tal vez todos los días que faltan vuelen. Qué sé yo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Magia de verdad.

Certezas inexplicables donde otros verían imposibilidades. Amar lo que no se ha tocado nunca.
Despertar, abrir los ojos con miedo. La mirada fija y perdida en el espacio vacío. A mi lado afuera. Y acá adentro.
No dormir. Soñar. Desear. Esperar. Seguir.

Magia.
Mirarte a los ojos por primera vez y sonreír. Sobran las palabras. El mejor beso del mundo. Volverse chiquitos y perderse en un abrazo enorme. Tocarte, respirarte rápido. La consumación de las ganas.
(Sonreír y cerrar los ojos otra vez.)

Amarte y sentirte adentro mío. Del alma y del cuerpo. Respirar. [Respirarte] Latir. Gritar. Abrir los ojos, mirar los tuyos y volver a sonreír.
Magia.

Volverme abrazo en el medio de tu pecho. Dormirme en ese lugar con mi nombre que me prometiste tantas veces.

Extrañar mucho más fuerte que nunca. Irse lejos y al mismo tiempo quedarse cerca para siempre.
Amor de verdad. Siempre fue magia. Ahora también es realidad.

(Te voy a esperar todos los días siempre.)

martes, 13 de marzo de 2012

Las palabras.


Yo pensaba en las palabras, a mi me gusta pensar la vida y oírla como si se hiciera al contarla. Vos pensás en las imágenes, esas que se nos congelan en una foto lejana. Las imágenes suelen parecernos estáticas, pero son parte de un instante profético, toda nuestra existencia se resume hoy en el presente que vivimos y en lo que nos queda por vivir. En simultaneidad, de comienzo a fin.
Estamos ahí juntos. Estoy ahí en vos, acá también, sola. En un mismo tiempo conciente.
Me veo en esas imágenes recurrentes en tu imaginación. Sé que soy yo pero también sé que a veces nos miramos desde afuera. Desde la distancia y el tiempo relativos, somos espectadores de una historia, y protagonistas a la vez.
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Imagino con las palabras.
Hacemos el amor y brillamos, sonrientes y húmedos debajo de esta luz. Una vez más la visión recurrente de una imagen profética. Ahora. Ya. En un segundo relativo de tiempo.
Vos pensás en las imágenes, así es como construís nuestra realidad.
Descansamos juntos. Más brillantes aún. Desnudo el cuerpo y desnuda el alma, en un instante de extrema vulnerabilidad y fragilidad entregadas. Inconciencia y amor.
Con los ojos cerrados me sentís y me ves. Te veo. Te siento. Estamos ahí, respirando juntos.
Cuando pienso en nosotros así nos veo, detenidos para siempre en esa sucesión de agitación, placer y calma. Y puedo oír tus palabras contándome cada detalle, hasta sentir que entro en el espacio de esa imagen y soy esa que duerme, con una mano sobre tu pecho.
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Entonces se rompe el silencio y escucho nuestras propias voces:
-Esperá.-te digo.
-Dime.
-Es algo muy importante. Dame musiquita para dormirnos juntos.


Y nos despedimos, por un ratito. La canción se acaba y sobreviene el silencio de las palabras. Me queda tu sonrisa; imágenes de tus gestos grabadas en la retina y en el corazón.
Después como siempre, todo vuelve a empezar.


lunes, 5 de marzo de 2012

Un abrazo al aire.


Ésta no es una de esas noches frescas en las que abro la ventana mientras escribo. El calor es húmedo y agobiante. Yo me agobio, se agobian mis ideas. No sé si sea el momento ideal. Apago las luces, voy caminando descalza y de memoria llego a la cama. Boca abajo, apoyo mi cabeza sobre una mano y con los ojos cansados intento transformar el sentimiento.

Hay un corazón lleno y un espacio vacío.
Acá, lo estoy viendo ahora.
¿Sabés cómo me gusta escribirte mientras dormís?
Es concretar un poquito el pensamiento.
Sólo un poquito.
Y acercarme de la única manera que puedo.
Soledad acompañada
Soledad acompasada
Un abrazo al aire y una caricia al vacío.
Huele a vaninilla.
Humo. Mucho calor. Silencio.
Todo duerme.
Esperar. Esperar. Esperar.
Tiempo y distancia.
Un beso que se va acercando de a poquito.
Un beso que será sólo el comienzo.
De todo.
Sigue latiendo, falta un rato no más.
Yo te estoy esperando.
Mientras, vos dormís.

martes, 28 de febrero de 2012

Porque te necesito.

Hoy no me siento bien y desde la cama me pregunto tantas cosas...

¿Por qué cuando el pasado deja de ser innombrable el futuro te ilusiona y promete?
Por qué extraño lo que todavía no tengo.
Por qué si duermo mucho siento que vivo menos.
¿Por qué la siesta es ese horario en el que más te deseo?
Por qué la lluvia me inspira y deja brisa en su despedida.
¿Por qué si imagino tu beso, el mundo entero pierde importancia.
¿Por qué los corazones insomnes a veces laten y a veces no?
Por qué ya decidí que voy a ser tuya.
¿Por qué te necesito abrazándome muy fuerte ahora?

domingo, 26 de febrero de 2012

Paseos nocturnos I

Clara era una caminante insomne. Caminaba sola y solía perderse cuando el atardecer moría. Le gustaba vagar por las calles de la ciudad, y aunque siempre frecuentaba los mismos lugares, ante la más mínima distracción perdía el rumbo, pero no le molestaba en absoluto; se entretenía observando personajes nuevos bajo la luz tenue de la luna. Los miraba reírse, moverse y hasta a veces gritar. Bajo el hechizo de su idilio nocturno, a veces tenía dificultad para diferenciarlos de fantasmas. De todas formas no la asustaba; los recorría con curiosidad, los estudiaba íntegramente y les atribuía las cualidades que a ella le convenían ocasionalmente.


Le gustaba pasar las noches sumida en ese trance perfecto: la realidad y la irrealidad fusionadas, la tranquilidad y el alma inquieta, la seguridad caprichosa y los flashes fugaces de aquellos vestigios de sus temores pasados. A veces, el silencio. Otras, le parecía oír una música proveniente de algún otro corazón que latía en algún otro sendero remoto al mismo tiempo que el suyo. Ella sentía una conexión extraña con esos seres y personajes, que tal vez eran más reales de lo que le parecían.Se volvían lugares comunes, sitios recurrentes. Cada vez se le hacían más y más conocidos.


Clara seguía caminando, ya nada la atemorizaba. No hacía frío y la brisa nocturna bailaba rozándole la piel y enfriándole las mejillas. Muy pocas veces redirigía la mirada hacia abajo, no temía tropezar. Es cierto que a veces perdía el sentido de la espacialidad y del tiempo, pero insistía en mirar hacia arriba y adelante. La fría y blanca luz de febrero, a las cinco de la mañana, era una guía más que adecuada para encontrar el camino de vuelta a casa y le permitía continuar con su tarea de eterna vouyer de madrugada.
Ella era una mujer joven pero que había vivido mucho. No necesitaba dormir, se había convencido de estar más allá de sus demandas físicas. Sus deseos y vivencias eran experimentadas de forma casi extracorpórea y había aprendido a prescindir de algunos de sus sentidos. Deseaba, amaba y odiaba sin necesidad de su cuerpo.


(Pero.) Pero después de un cúmulo importante de noches, cierto día, cierta luna, cierta noche, además de esa musiquita recurrente de aquel corazón que creía imaginario y lejano, Clara sintió un golpeteo vivo dentro suyo. Dolía, o no. Saltaba, sonaba, se movía, se sentía, estaba viva. Los personajes que vagaban despreocupados a la vera del camino, esta vez con los rostros inexpresivos, carentes de gesto alguno y guardando un silencio casi respetuoso. La luna seguía brillando, altísima y voluptuosamente pálida. Mientras, ella, sin dejar de caminar, se compenetraba con esa nueva vida subyacente de su pecho. Ahora sentía, misteriosamente podía recordar una experiencia similar lejana en el tiempo. Dentro suyo había voces vivas. No estaba dormida pero se sentía como despertando.La musiquita de aquel otro corazón, en aquel otro camino, en aquella otra ciudad imaginaria, estaba sonando cada vez más fuerte.
(Continúa)