martes, 20 de noviembre de 2012

Ciertas premoniciones.




Camino por la vereda cuando baja el sol y te recuerdo. Rostros conocidos, las mismas calles. Si hasta me parece que el aire fuera el mismo que en ese entonces.

Y es que yo tengo un extraño sentido de pertenencia con los lugares. Algunas veces creo que las calles por las que caminamos juntos son nuestras. Otras, que nosotros le pertenecemos a ellas. De vez en cuando siento que cada árbol, cada pájaro y cada esquina me desconoce cuando no estamos juntos. 

No sé desde cuándo, tampoco me gusta explicarme esas cosas pero hace mucho tiempo que tengo esa certeza. Y los sueños tampoco colaboran. Sigo con esa bendita o maldita costumbre, quién sabe, de creer que no son sólo sueños.

Y es entonces cuando todo cobra sentido. Desde antes de que nos conociéramos, ellos ya lo hacían. Mejor que nosotros mismos.

Un día caluroso de diciembre, una premonición, una canción, cinco viajes, treinta y tres abrazos, cien lágrimas y mil suspiros.

Creo que encontré a tus hijos, te dije.

Creo que ellos nos encontraron a nosotros, te digo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Un cuadrito en la pared.


La soledad. Pienso en vos y miro el cuadrito en la pared.
Nos abrazamos. Y mientras estoy entre tus brazos miro a través de tu hombro hacia la nada y ahí es cuando te veo con los ojos cerrados, respirando. Respiro. 
Respiro sosteniendo el aire como si pudiera guardarme el tiempo en el pecho. Por un rato más, al menos. 
El abrazo se suelta de golpe, con el apuro de no querer demorar lo impostergable.
Cierro los ojos. Respiro. Los abro y ahí estás, yéndote. Con los ojos como necesitando en silencio desde el vidrio de la ventana. Me mirás, te miro, cada vez más lejos. Nos fuimos, otra vez. Otra horrible vez.

Saco las llaves apurada (¿Para qué?) y abro la puerta. Si ya no estás.
La soledad. La felicidad y la tristeza cronológicamente programadas. El día que se vuelve silencioso y la noche que se llena de ruidos. El insomnio, otra vez. 

Respiro. Abro los ojos, pienso en vos y me veo mirando el cuadrito en la pared. Ahí estamos, representados en un futuro que se dibuja perfecto. Uno que promete y cumple.
Ya no estamos ni tan solos ni tan lejos. 
Ahí estás vos, dentro mío. Y en el perfume que dejaste en el aire.
Acá estoy yo, extrañando futuros que aún no sucedieron. Esperándote, otra vez.