domingo, 2 de diciembre de 2012

Pasajera.


Porque si hablo de sueños, yo casi siempre sueño en violeta.

Te sueño pero te creo.

A veces cruzo los brazos sobre el pecho como si se me fuera a escapar el alma. Y tanto creo en vos que me abrazo a tu recuerdo y me consuelo. Porque me hice más grande que el miedo.

Tanto creo en vos que cuando se me hace de noche me ilumina la luz de nuestra casa. Nuestro hogar. Y la luz de ese sol que todavía no salió pero está ahí. Ya casi.
Un sol, varios soles.
Soles que ya estaban escritos desde antes de nosotros. Que me visitan en sueños. Y nuestra casa. Y nuestros sueños infinitamente más grandes que todo.

¿Cómo decís que era mi sonrisa? Así sonreía en el tiempo en el que era yo pero todavía no era. Porque todavía no viajábamos juntos. Porque no éramos.

Tanto creo en vos que decidí que me iba a quedar desde antes de haber llegado.
Sólo quiero escribirte para que me recuerdes como la que siempre fui. Ésa. La pasajera de tus sueños que se quedó. 
Siempre.
Tanto creo en vos...

martes, 20 de noviembre de 2012

Ciertas premoniciones.




Camino por la vereda cuando baja el sol y te recuerdo. Rostros conocidos, las mismas calles. Si hasta me parece que el aire fuera el mismo que en ese entonces.

Y es que yo tengo un extraño sentido de pertenencia con los lugares. Algunas veces creo que las calles por las que caminamos juntos son nuestras. Otras, que nosotros le pertenecemos a ellas. De vez en cuando siento que cada árbol, cada pájaro y cada esquina me desconoce cuando no estamos juntos. 

No sé desde cuándo, tampoco me gusta explicarme esas cosas pero hace mucho tiempo que tengo esa certeza. Y los sueños tampoco colaboran. Sigo con esa bendita o maldita costumbre, quién sabe, de creer que no son sólo sueños.

Y es entonces cuando todo cobra sentido. Desde antes de que nos conociéramos, ellos ya lo hacían. Mejor que nosotros mismos.

Un día caluroso de diciembre, una premonición, una canción, cinco viajes, treinta y tres abrazos, cien lágrimas y mil suspiros.

Creo que encontré a tus hijos, te dije.

Creo que ellos nos encontraron a nosotros, te digo.

martes, 13 de noviembre de 2012

Un cuadrito en la pared.


La soledad. Pienso en vos y miro el cuadrito en la pared.
Nos abrazamos. Y mientras estoy entre tus brazos miro a través de tu hombro hacia la nada y ahí es cuando te veo con los ojos cerrados, respirando. Respiro. 
Respiro sosteniendo el aire como si pudiera guardarme el tiempo en el pecho. Por un rato más, al menos. 
El abrazo se suelta de golpe, con el apuro de no querer demorar lo impostergable.
Cierro los ojos. Respiro. Los abro y ahí estás, yéndote. Con los ojos como necesitando en silencio desde el vidrio de la ventana. Me mirás, te miro, cada vez más lejos. Nos fuimos, otra vez. Otra horrible vez.

Saco las llaves apurada (¿Para qué?) y abro la puerta. Si ya no estás.
La soledad. La felicidad y la tristeza cronológicamente programadas. El día que se vuelve silencioso y la noche que se llena de ruidos. El insomnio, otra vez. 

Respiro. Abro los ojos, pienso en vos y me veo mirando el cuadrito en la pared. Ahí estamos, representados en un futuro que se dibuja perfecto. Uno que promete y cumple.
Ya no estamos ni tan solos ni tan lejos. 
Ahí estás vos, dentro mío. Y en el perfume que dejaste en el aire.
Acá estoy yo, extrañando futuros que aún no sucedieron. Esperándote, otra vez.


domingo, 21 de octubre de 2012

Piedritas en la pared.

- Hola, Virginia ¿Podés salir a jugar?
- No. Recién me llamó mi abuela que ya está lista la merienda. Más tarde.
- Pucha. Bueno, te espero acá afuera.
- No, mejor andate a dar una vuelta en la bici y volvé después, Rosario.
- Bah ¿Por qué?
- Porque siempre tocás las piedritas brillantes de la pared y se rompen. Son de mi abuela.
- Nada que ver. Qué mala sos, las estoy mirando no más.
- Las estás tocando y se van a salir. Son de mi abuela, te digo.
- Andá, sos re mala. Además son feísimas las piedras esas, parecen vidrios de botella.
- Vos sos una envidiosa. Le voy a contar que le estás rompiendo la pared y que decís malas palabras, seguro no me va a dejar juntarme con vos.
- ¿Sabés qué? No hace falta, nena. Andá a jugar con tu abuela, yo no juego más. Te vas a quedar sola por egoísta. Chau.

Y efectivamente, después de casi veinte años Virginia está bastante sola. Me contaron. Su abuela aún vive y yo, cuando paso por ahí, como hice siempre a partir de esa tarde, paso cerquita y como quien no quiere la cosa, camino rozando disimuladamente con un dedo o dos las piedritas brillantes de la pared. Y sonrío. Recuerdo. Y tengo ocho años otra vez. Y sonrío.

sábado, 20 de octubre de 2012

Otra carta sin enviar.


Sábado a la noche y.. ¿Otra vez ya es mañana? Domingo. Otra vez domingo. Los sábados no me gusta ir a dormir temprano, aunque me quede en casa. Prefiero extender la previa de ese día al que incluso después de diez años de vivir sola, no me he acostumbrado. Pero hoy dicen que es el día de la madre. No sé, así dicen. Y entonces pensé en escribir. En escribirte.

Recuerdo esos domingos a la mañana. Me iba corriendo hasta tu cama y te miraba mientras dormías, como queriéndote decir: ¿Te acordás de mí? Soy la que canta en voz alta, la que escribe con crayones las paredes, la que corta las rosas de la abuela y le echa la culpa de todo a los gatos. Soy la de la biblioteca, la de las manzanas verdes debajo del árbol de la plaza. La de las manos embarradas. Soy yo, la que pasa las mañanas en la carpintería porque nunca estás.

¿Pero vos quién sos?
Recuerdo tu pelo ondulado hasta los hombros, tus carteras enormes llenas de todo y nada, tus ojeras, tu palidez y tu café. Tus manos grandes, frías y descuidadas. Tu tristeza y tus ganas de escapar ocultas bajo tu rostro inmutable. Tu incapacidad para mantener una conversación durante más de tres minutos.
¿Te acordás cuando te leía lo que escribía? Mirabas fijo, con los ojos extraviados, pensando quién sabe en qué otras cosas. Te adormecías. Tus ojos siempre vacíos de lágrimas y llenos de ausencias. Tu eterna ausencia. A veces también cantábamos ¿Te acordás? Es probable que ya no.

Tal vez mi sensibilidad para recordar los detalles me juegue en contra y me haga exagerar momentos y situaciones. Pero así te recuerdo. Y así también olvido: con todo.
Te fuiste dos días antes de mi cumpleaños ¿sin decir adiós? Tal vez lo dijiste y no lo escuché. Tal vez fue un hasta luego porque vos tampoco querías irte. Dejame, que yo de vez en cuando lo quiero pensar así. 
Qué paradoja la de no encontrarte aún sabiendo dónde estás. A veces me vuelvo a preguntar qué habré hecho mal, a veces creo que hice las cosas demasiado bien. Crecí y hay cosas que ya no duelen tanto.

Hoy es un día extraño. No sé para qué habrán inventado días como estos. Después pienso que tal vez llegue uno en el que yo sí pueda festejar en paz. De hecho, estoy segura de que lo voy a hacer. Ojalá llegues a verlo y te haga bien verme feliz. Aunque sea a la distancia, no importa. Hoy no te voy a decir feliz día. Hoy te voy a decir aunque nunca llegues a escucharlo, que después de muchos años te perdoné. 

Ojalá alguna vez nos volvamos a encontrar en serio, mamá.

lunes, 15 de octubre de 2012

La felicidad es otra cosa.


Cocino para uno pero en realidad para dos. El vidrio está empañado y dejo una marca con el dedo. Un trueno. Mientras se calienta el agua miro con los ojos ciegos y helados por la ventana hacia no sé dónde. De esos momentos en los que mirar es sólo una excusa para mantenerse despierta, para mirar sin ver. Para recordar. Te recuerdo. 
Entreabro la ventana y llega ese olor a lluvia que me gusta tanto. Respiro profundo, cierro los ojos y retengo el aire la mayor cantidad de tiempo posible, como para que me llene el alma si es que se puede.
Pero la felicidad es otra cosa.
Como cuando bajo del taxi de tu mano sin mirar atrás y con la certeza de que ya no me falta nada. Como cuando te veo sobre mí, sonriendo en silencio, abrazándome el pecho y el alma con los ojos cerrados. Ese instante de felicidad abrumador e inconciente en el que nada más importa. Que se caiga el mundo a pedazos, vamos.
Otro trueno me saca del trance y me obliga a soltar el aire de golpe y ahora, la mirada atónita sobre el agua derramada en la cocina.
Es otra noche más de esas que significan una noche menos. Y yo sigo acá esperando. Esperando y extrañando los futuros que aún no sucedieron.
Es que a partir de vos la felicidad, la felicidad es otra cosa.

jueves, 2 de agosto de 2012

Otro sin título.

En medio del silencio de la noche lo escucho. 
Llega corriendo y llorando. Hace ruido descaradamente. 
Abro los ojos y.. ¿Viste la hora que es?
Golpea las ventanas. A veces una, a veces todas.
Siempre logra despertarme.
Lo que no logra es que me asuste, ya somos viejos conocidos.
Me viene a buscar pero no me pregunta si quiero ir.  
Es tan caprichoso que...
Vuelvo a cerrar los ojos.  
Me dejo llevar y él me lleva como dormida, ignorando el tiempo y el espacio. 
Soy del viento, me digo. 
Voy donde él quiera llevarme.

domingo, 29 de julio de 2012

Otra mirada sobre el amor.

A este texto lo armé en base a conceptos de otro que escribí cuando tenía once o doce años. Esto pensaba y sigo pensando quince años después.


Siempre tenemos como una de las premisas principales que el verdadero amor no es egoísta. Pero al mismo tiempo también todos estamos de acuerdo con que el que no se ama primero a sí mismo no puede amar a otro. Y definitivamente hay una contradicción entre estos dos conceptos. El ego es una instancia en la que nos hacemos concientes de nuestra propia identidad como personas y nos reconocemos como yo. Concepto básico de psicología que recolecté por ahí, algún día no sé cuándo y se quedó en mi memoria para formar parte de la amplia "fauna" de recuerdos que se mezclan con mi propia visión del mundo. Qué sé yo, me gusta afirmar conceptos que reinvento y después considero universales. Y me gusta irme por las ramas.


Sigo. Estoy hablando más precisamente del amor de pareja o amor romántico, si es que el amor admite algún tipo de etiqueta. Ese amor que desde siempre ha sido objeto de innumerables odas a su nombre. Nos encanta escribirle al amor, nos fascina idealizarlo y creer que es como a nosotros nos conviene que sea. Lo más maravilloso que existe en el universo, o el sentimiento más inútil y cruel que nos hizo víctimas de traiciones y engaños de todos colores.


¿De dónde viene el amor? Ó ¿Para qué amamos o por qué amamos?
Aunque a nuestra mirada romántica del asunto le parezca inconcebible -porque a veces el sentir no permite pensar y viceversa- no se ama gratuita, desinteresada ni incondicionalmente.
(Y es ahora cuando por esta puerta que se encuentra a mi izquierda irrumpen violentamente sicarios enviados por los defensores del amor, psicólogos portando armas y espectadores fanáticos de las novelas mexicanas de la tarde.) Me volví a ir.


Resulta que no hace mucho, hará cosa de dos o tres años me vengo a chocar de frente con otro concepto de esos contradictorios que me encanta pensar y repensar, hacer y deshacer y de los cuales no puedo asegurar la fuente ni la completa objetividad. A mí también me gusta añadir y quitarle matices a las verdades según mi antojo. Hablo del egoísmo ético. Todo lo contrario al altruísmo.
Egoísmo ético ¿Cómo puede ser posible la combinación de palabras que parecen tan opuestas? Si hasta parece que una negara la existencia de la otra. Y es que en nuestra mente el egoísmo sólo tiene connotaciones negativas. Y bueno, la definición tampoco es maravillosa. Afirma que ayudar (amar en este caso) lleva implícito un beneficio simultáneo o posterior para nosotros mismos. Amamos como medio para. 
Amamos para ser felices, para no sentirnos solos. Amamos principalmente para sobrevivir emocionalmente. Estamos destinados a sentir amor.
Amamos para llenar lo que nos falta, para encontrarnos en el otro. Nos sentimos incompletos y vivimos en la búsqueda constante de esa pieza que encaje perfectamente en nuestro rompecabezas. Somos y entonces puedo ser.


Y es sobre todo en esa etapa divina del enamoramiento inicial, llena de luces, música y colores cuando se potencia todo esto. Quiero y necesito que estés la mayor cantidad de tiempo posible conmigo, quiero parecerte la persona más hermosa, linda y perfecta. Quiero que me desees, que me quieras a tu lado, que me pertenezcas. A mí y sólo a mí.
Después, en el mejor de los casos y si todo marcha bien, llegan las certezas y tal vez el amor. Y es entonces cuando "daría todo" para que seas feliz. Quiero verte cumplir tus sueños, quiero contenerte, quiero protegerte y en algunos casos el pensamiento obsesivo de que "si te pasa algo me muero", porque el amor suele generar dependencias casi inevitables. Porque eso me hace feliz a mí -te amo.- Vos me amás porque te hace feliz y sos feliz porque me amás. Y si yo te correspondo, felicidad completa. Y esto implica ganancia por donde se lo mire. Nos hacemos felices.
No es algo negativo. Después de todo el verdadero amor con el tiempo se va depurando y lleva consigo muchas renuncias y entregas personales que le permiten seguir vivo.


Nunca falta el caso del que alega que le rompieron el corazón. El que no puede olvidar porque "ama demasiado". Muchas veces no pueden aceptar que no tienen herido el corazón, lo que tienen herido es el ego. No estoy herido porque no puedo hacerte feliz, me duele no poder ser yo feliz con vos. No es fácil asumir el no ser correspondido. Y ahí se ve todo más claramente. "Te necesito." "Me duele" y un te extraño que suele significar "Me extraño con vos."


No se trata de bastardear al amor. Si lográramos asumir que no somos perfectos y que por lo tanto nuestro amor tampoco puede serlo -todos nuestros sentimientos como humanos son limitados- nos ahorraríamos muchas decepciones.
Yo estoy enamorada. Yo amo. Es lo que resignificó mi vida y le dio sentido. Todos estamos de acuerdo con que el amor, sobre todo cuando es correspondido, es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Escribo esto porque como siempre digo, mi mente es un continuo fluir de ideas que se enroscan y desenroscan en sí mismas, porque me gusta pensar las cosas al derecho y al revés y porque escribir para mí es vomitar cósmicamente. Aunque, para ser sincera, la mayoría de mis reflexiones no me llevan a ningún lado. En esto de los sentimientos uno puede analizar todo lo que quiera, pero a la hora de actuar todo sigue en el mismo lugar. No soy la más indicada para bajar de un hondazo a los que viven en las nubes.
Porque como alguna vez dije: "Me puse a pensar y prefiero sentir."



miércoles, 13 de junio de 2012

Tu abrazo y mi sonrisa.

Imaginar tu abrazo, viajar tan sólo con un pensamiento.
Recordar, desear y sonreír al mismo tiempo.
No se me ocurre mejor conexión que esa.
Cuando sonreímos juntos, nos hacemos tan grandes y fuertes
que la distancia y el tiempo se vuelven nada.
Cerramos los ojos y desaparece,
estamos acá, juntos otra vez.
Y yo estoy de nuevo ahí,
volviendo a nacer en ese primer abrazo,
con el que te metiste dentro mío
para siempre.

lunes, 21 de mayo de 2012

Lunes.

Salto de la cama a las seis. Más temprano que de costumbre. Estoy tranquila pero me parece que te extraño. No me acuerdo bien qué día es hoy. Los lunes tienen esa mezcla rara de pesimismo y esperanza, de nostalgia y olvidos que me confunde y me fascina a la vez. Qué sé yo.
Apago un cigarrillo a medias después de casi tres días sin fumar. No me puedo dar el lujo de perder el colectivo hoy. O sí. Ya desde lejos se ve repleto de gente. Las pocas miradas desconocidas que se cruzan con la mía, tienen esa hostilidad característica que sin palabras me dicen: "No me preguntes nada, no me mires, ni siquiera te acerques. Hoy es lunes."
Al menos esta vez conseguí asiento. Ya me estoy acostumbrando a viajar en esos que te enfrentan cara a cara con la mayoría de los demás pasajeros. Casi puedo decir que ya no me mareo. Pero a las miradas que examinan aburridas, a esas sí que no me acostumbro. Así que miro por la ventanilla evadiendo al mundo. Cierro los ojos. Y ahí es cuando te veo mejor. Pero es sólo por un rato, el viaje se pasa rápido. Las ganas, como los lunes, no.
Por primera vez en mucho tiempo no voy tarde. Me atrae esa adrenalina de sentirme al límite con el tiempo. Sinceramente y en secreto, me pasa con casi todo.
Fin del viaje. La calle. Como de costumbre me enojo con los que caminan lento y haciendo zig zag. Apuro el paso, adelantando gente. De repente me llegan a la mente imágenes, que se transforman en recuerdos, que ahora es nostalgia. Una vez caminamos juntos por esta vereda. Cierro los ojos. Te veo caminando a mi lado. Los abro. Listo.
Hoy el mundo parece estar conspirando contra mis ganas de olvidarme de que es lunes.
El café ya está frío, pero lo termino igual. Es temprano todavía y esa intolerancia desafiante que corta el aire como un cuchillo parece no tener en sus planes irse.
Cierro los ojos. Te veo diciéndome que todo va a estar bien. Los abro. Listo.
Puedo seguir. Tal vez el lunes se pase rápido. Tal vez todos los días que faltan vuelen. Qué sé yo.

viernes, 4 de mayo de 2012

Magia de verdad.

Certezas inexplicables donde otros verían imposibilidades. Amar lo que no se ha tocado nunca.
Despertar, abrir los ojos con miedo. La mirada fija y perdida en el espacio vacío. A mi lado afuera. Y acá adentro.
No dormir. Soñar. Desear. Esperar. Seguir.

Magia.
Mirarte a los ojos por primera vez y sonreír. Sobran las palabras. El mejor beso del mundo. Volverse chiquitos y perderse en un abrazo enorme. Tocarte, respirarte rápido. La consumación de las ganas.
(Sonreír y cerrar los ojos otra vez.)

Amarte y sentirte adentro mío. Del alma y del cuerpo. Respirar. [Respirarte] Latir. Gritar. Abrir los ojos, mirar los tuyos y volver a sonreír.
Magia.

Volverme abrazo en el medio de tu pecho. Dormirme en ese lugar con mi nombre que me prometiste tantas veces.

Extrañar mucho más fuerte que nunca. Irse lejos y al mismo tiempo quedarse cerca para siempre.
Amor de verdad. Siempre fue magia. Ahora también es realidad.

(Te voy a esperar todos los días siempre.)

martes, 13 de marzo de 2012

Las palabras.


Yo pensaba en las palabras, a mi me gusta pensar la vida y oírla como si se hiciera al contarla. Vos pensás en las imágenes, esas que se nos congelan en una foto lejana. Las imágenes suelen parecernos estáticas, pero son parte de un instante profético, toda nuestra existencia se resume hoy en el presente que vivimos y en lo que nos queda por vivir. En simultaneidad, de comienzo a fin.
Estamos ahí juntos. Estoy ahí en vos, acá también, sola. En un mismo tiempo conciente.
Me veo en esas imágenes recurrentes en tu imaginación. Sé que soy yo pero también sé que a veces nos miramos desde afuera. Desde la distancia y el tiempo relativos, somos espectadores de una historia, y protagonistas a la vez.
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Imagino con las palabras.
Hacemos el amor y brillamos, sonrientes y húmedos debajo de esta luz. Una vez más la visión recurrente de una imagen profética. Ahora. Ya. En un segundo relativo de tiempo.
Vos pensás en las imágenes, así es como construís nuestra realidad.
Descansamos juntos. Más brillantes aún. Desnudo el cuerpo y desnuda el alma, en un instante de extrema vulnerabilidad y fragilidad entregadas. Inconciencia y amor.
Con los ojos cerrados me sentís y me ves. Te veo. Te siento. Estamos ahí, respirando juntos.
Cuando pienso en nosotros así nos veo, detenidos para siempre en esa sucesión de agitación, placer y calma. Y puedo oír tus palabras contándome cada detalle, hasta sentir que entro en el espacio de esa imagen y soy esa que duerme, con una mano sobre tu pecho.
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Entonces se rompe el silencio y escucho nuestras propias voces:
-Esperá.-te digo.
-Dime.
-Es algo muy importante. Dame musiquita para dormirnos juntos.


Y nos despedimos, por un ratito. La canción se acaba y sobreviene el silencio de las palabras. Me queda tu sonrisa; imágenes de tus gestos grabadas en la retina y en el corazón.
Después como siempre, todo vuelve a empezar.


lunes, 5 de marzo de 2012

Un abrazo al aire.


Ésta no es una de esas noches frescas en las que abro la ventana mientras escribo. El calor es húmedo y agobiante. Yo me agobio, se agobian mis ideas. No sé si sea el momento ideal. Apago las luces, voy caminando descalza y de memoria llego a la cama. Boca abajo, apoyo mi cabeza sobre una mano y con los ojos cansados intento transformar el sentimiento.

Hay un corazón lleno y un espacio vacío.
Acá, lo estoy viendo ahora.
¿Sabés cómo me gusta escribirte mientras dormís?
Es concretar un poquito el pensamiento.
Sólo un poquito.
Y acercarme de la única manera que puedo.
Soledad acompañada
Soledad acompasada
Un abrazo al aire y una caricia al vacío.
Huele a vaninilla.
Humo. Mucho calor. Silencio.
Todo duerme.
Esperar. Esperar. Esperar.
Tiempo y distancia.
Un beso que se va acercando de a poquito.
Un beso que será sólo el comienzo.
De todo.
Sigue latiendo, falta un rato no más.
Yo te estoy esperando.
Mientras, vos dormís.

martes, 28 de febrero de 2012

Porque te necesito.

Hoy no me siento bien y desde la cama me pregunto tantas cosas...

¿Por qué cuando el pasado deja de ser innombrable el futuro te ilusiona y promete?
Por qué extraño lo que todavía no tengo.
Por qué si duermo mucho siento que vivo menos.
¿Por qué la siesta es ese horario en el que más te deseo?
Por qué la lluvia me inspira y deja brisa en su despedida.
¿Por qué si imagino tu beso, el mundo entero pierde importancia.
¿Por qué los corazones insomnes a veces laten y a veces no?
Por qué ya decidí que voy a ser tuya.
¿Por qué te necesito abrazándome muy fuerte ahora?

domingo, 26 de febrero de 2012

Paseos nocturnos I

Clara era una caminante insomne. Caminaba sola y solía perderse cuando el atardecer moría. Le gustaba vagar por las calles de la ciudad, y aunque siempre frecuentaba los mismos lugares, ante la más mínima distracción perdía el rumbo, pero no le molestaba en absoluto; se entretenía observando personajes nuevos bajo la luz tenue de la luna. Los miraba reírse, moverse y hasta a veces gritar. Bajo el hechizo de su idilio nocturno, a veces tenía dificultad para diferenciarlos de fantasmas. De todas formas no la asustaba; los recorría con curiosidad, los estudiaba íntegramente y les atribuía las cualidades que a ella le convenían ocasionalmente.


Le gustaba pasar las noches sumida en ese trance perfecto: la realidad y la irrealidad fusionadas, la tranquilidad y el alma inquieta, la seguridad caprichosa y los flashes fugaces de aquellos vestigios de sus temores pasados. A veces, el silencio. Otras, le parecía oír una música proveniente de algún otro corazón que latía en algún otro sendero remoto al mismo tiempo que el suyo. Ella sentía una conexión extraña con esos seres y personajes, que tal vez eran más reales de lo que le parecían.Se volvían lugares comunes, sitios recurrentes. Cada vez se le hacían más y más conocidos.


Clara seguía caminando, ya nada la atemorizaba. No hacía frío y la brisa nocturna bailaba rozándole la piel y enfriándole las mejillas. Muy pocas veces redirigía la mirada hacia abajo, no temía tropezar. Es cierto que a veces perdía el sentido de la espacialidad y del tiempo, pero insistía en mirar hacia arriba y adelante. La fría y blanca luz de febrero, a las cinco de la mañana, era una guía más que adecuada para encontrar el camino de vuelta a casa y le permitía continuar con su tarea de eterna vouyer de madrugada.
Ella era una mujer joven pero que había vivido mucho. No necesitaba dormir, se había convencido de estar más allá de sus demandas físicas. Sus deseos y vivencias eran experimentadas de forma casi extracorpórea y había aprendido a prescindir de algunos de sus sentidos. Deseaba, amaba y odiaba sin necesidad de su cuerpo.


(Pero.) Pero después de un cúmulo importante de noches, cierto día, cierta luna, cierta noche, además de esa musiquita recurrente de aquel corazón que creía imaginario y lejano, Clara sintió un golpeteo vivo dentro suyo. Dolía, o no. Saltaba, sonaba, se movía, se sentía, estaba viva. Los personajes que vagaban despreocupados a la vera del camino, esta vez con los rostros inexpresivos, carentes de gesto alguno y guardando un silencio casi respetuoso. La luna seguía brillando, altísima y voluptuosamente pálida. Mientras, ella, sin dejar de caminar, se compenetraba con esa nueva vida subyacente de su pecho. Ahora sentía, misteriosamente podía recordar una experiencia similar lejana en el tiempo. Dentro suyo había voces vivas. No estaba dormida pero se sentía como despertando.La musiquita de aquel otro corazón, en aquel otro camino, en aquella otra ciudad imaginaria, estaba sonando cada vez más fuerte.
(Continúa)

jueves, 23 de febrero de 2012

Vomitando tinta.

En la calle estoy. De pie, vomito mis sentimientos en el interior de la libreta verde mientras espero un taxi. Esto sería una ironía si... Salen desprejuiciadas, desmesuradas, rápido, sin permiso. No dan tiempo a que las piense. Traspasan la barrera de lo conciente y de lo racional. Ahí viene. Me-Interrumpo.


Sigo. Las palabras se tuercen y desvían en tinta azul por el movimiento. Mis ideas. Mis emociones también. Pero es ahora, tienen la urgencia del ya. Releo. No sé bien qué decir. Tengo miedo, y a la vez una caprichosa y soberbia seguridad en todo. Esa soberbia tan típica que me caracteriza cuando me sobrepongo.


Me mareo. Esto de viajar y escribir a la vez nunca se me ha dado bien. Voy a tener que dar explicaciones hoy. Dármelas. Aunque todo está más claro de lo que parece -como siempre-.


El conductor me habla. Llueve. Yo asiento con la cabeza simulando escucharlo. El mareo. Las ganas de vomitar. Las palabras. Abro la ventanilla, tomo aire y la llovizna me salpica un poco. No puedo seguir. Me-Interrumpo.


El semáforo. Sigo. Hay demasiado tránsito y varias calles cortadas. Sé que voy tarde y no me animo a mirar la hora. Los párrafos se siguen moviendo. Todo se mueve afuera. Y por dentro mío. Señor, si usted supiera que la música que está sonando no me ayuda en estos momentos. Son veintidos pesos con cincuenta.


Corro aún mareada hasta la puerta. Los mismos rostros hacen las mismas muecas, las mismas predecibles frases hechas que pueden aplicarse en estas circunstancias. Ya casi nada me sorprende.


Otro café bien cargado ¿Te parece... otro más? -dos sorbos- Suspiro y te recuerdo mientras atiendo el teléfono. Pese a casi tres noches sin dormir, sigo siendo capaz de hacerlo mientras doy vuelta esta hoja y sigo. Sigo escribiendo.


Tengo un sentimiento acá que se arremolina y sigue subiendo. Se instala en el pecho. Sabés cómo es el sentimiento. Se fue el miedo -otro sorbo de café-. Pienso lo que dijiste anoche. Tal vez, tal vez alguien pueda irrumpir en el silencio y la ausencia y borrar todo. De nuevo. Sea cual sea la forma que tome el mañana.


El café ya está frío para mi gusto. Vuelve a sonar mi interno. Son las 4: 15 y tenemos una reunión en quince minutos. Me-Interrumpo. Tal vez siga cuando vuelva.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Sos vos.

I
Sos vos, yo. Desnuda. Esa mirada, tu mirada... Otra vez la respiración. El movimiento. El calor; el tuyo. La piel. Es una sola. Tu beso y mi beso. Una sola boca. El corazón saliéndose. La agitación y la sed de... El sentimiento [Amor] Los deseos. Y el deseo consumado.

II
Despedida de una noche. Otra vez tu piel. Mi mejilla sobre tu pecho. El latido de tu corazón sincronizado con el mío. Aprendimos.Tu respiración. Late. Respiro. Te respiro. Tus párpados pesan. Un suspiro... Tu aire sobre mí. Mi pelo suelto acaricia tu cuerpo.

III
Abrir los ojos y verte dormir aún. El sol. Sonreír. Mirarte respirar. Otra vez. Tu piel que ahora es mi piel. Tu cuerpo y tu olor. Volver a sonreír. Y que el corazón empiece. Vuelva a latir.


Este ha sido un día interminable, he soñado despierta y he visto salir el sol dos veces seguidas. Pero en mi mente las cosas están más claras que nunca. Hay algo mucho más fuerte. Quema. Explota. Surge. Deviene. Hacia el mañana. ¿Cómo saberlo?
Es como un eterno déjà vu, vivir rodando en el interior de una esfera onírica. Sueños, tantos sueños... que se deslizan a toda velocidad, cuesta abajo hacia no sé dónde ¿Hacia el mañana? ¿Y cómo saberlo? Siempre lo supe -te escribí- ya no busco más desde que te amo. Sos vos.

domingo, 19 de febrero de 2012

Insomnio


El insomnio me abraza fuerte
Ahuyenta, espanta
los malos sueños.
Se apodera, se establece.
Desnuda. Siempre
la realidad
[me desnuda]
Vuela como un pájaro de vidrio
sobre estas palabras entrelazadas.
Sonríe, ya no llora.
[porque te pienso]
Contiene. El silencio.
Pero no me silencia.
Resuelve el laberinto.
[porque te encuentro]
Predice el amanecer.
El futuro.
Realidad que supera los sueños
[te sueño]


"Sleep sugar, let your dreems flood in. Like waves of sweet fire, you`re safe within. Sleep sweetie let your flood come rushing in and carry you over to a new morning"


martes, 14 de febrero de 2012

Un café a las tres.

Feliz San Valentín.


Son más de las tres de la mañana, ya sabés cómo el insomnio a mí me devora. O yo lo devoro a él. ¿Un café, a esta hora? Pensé en sacarme la ropa y obligarme a tumbarme en la cama a recomenzar el mismo libro de filosofía que nunca llega a la mitad. Últimamente me distraigo con demasiada facilidad, muy ocupada formulando y reformulando hipótesis, sueños y mentiras-verdades. Qué despropósito; sería un desperdicio, prefiero escribir. Escribirte.

Si te fijás no estamos tan lejos como parece, ni tan solos. Vos estás ahí. Lejos. Cerca. Dentro mío. Yo. Ni víctima ni victimaria de mi propia existencia. Al final, todas las verdades son más simples de lo que parecen. Y estoy tomando un café, y fumando otro cigarrillo. Me quema. Me quemo adentro. Otra vez ¿Y qué? Igual espero con ansias en cuatro horas volver a andar. Dejé la ventana abierta, llueve, a mí la lluvia siempre me ha inspirado. Se oye ese sonido y el de mi respiración, y estoy concentrándome en acompasarla imaginariamente con la tuya. Tu aire. Parece amor.

Hubo un momento en el que dejé mis sueños en el espejo. Tenía un suspiro mudo en lugar de sonrisa. Caminaba. Miraba. No veía. Estaba embadurnada de una realidad símil realidad, enlatada en la nada misma. En el todo.
Catástrofe emocional. Miedo. Se distorsionaron las líneas auxiliares que había trazado mi mente para inmunizarme. ¿De qué? Hacía mucho que no escuchaba ese golpeteo. Corazón. Era amor.

El reloj. Nuevamente un maullido. Voy, vengo, camino. Vuelvo. El vientito me da en la espalda. Dos escalofríos. Sigue haciendo sus danzas en mi pelo suelto. Tengo los ojos cansados y las manos inquietas. Escribo. Te escribo. Con un secreto temor a un nuevo golpe, me siento. Y pienso. Te pienso. ¿Cómo se empieza? Bah, ¿Cómo se sigue?
Soplo con aire distraído la espuma de jabón de mi alrededor. Vago. Sigo pensando. Tranquila, sosegada. Digo, estoy viva. Siento. Te siento. ¿Y qué? Es amor.

Como siempre, desvarío. O no. Pero ahora estoy segura. Aún cuando parezco enredada en medio de  todas estas palabras, así es como me encuentro. Te encuentro. Y a las cuatro de la mañana sigo. Sigo pensándote. Esto es más fuerte. Yo te amo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Crónica de un sábado.


Todo comienza con la sábana en el piso -la misma que te protegía de aliens asesinos- y un maullido demandante. Mirás el celular, releés tres sms de anoche y al menos te levantás con una sonrisa, sabés que hoy va a ser un día aburrido. El teléfono te dice que son las 8:30, has madrugado como consecuencia de la costumbre y de haber consumido estimulantes en exceso hasta las 4 am (piénsese en café, Coca Cola y cigarrillos) De un salto salís de la enorme cama, que no se nota ya tan enorme, total siempre dormís del mismo lado.

Fabuloso, comienza el sábado. Ya son las 13 y que si vamos acá o allá, que esto y lo otro, que mejor allá. Sabés que el novio la va a convencer de ir a otro lado juntos, no te ilusionás. Una semana que no prendés la tele. Tres canales locales. La patética programación de sábado al mediodía si no tenés el cable. Off. Almorzaste y te vas de su casa.

Encendés la computadora, y el eterno loop de aburrimiento continuo de las redes sociales. Abrís y cerrás todo rápidamente, tratás de estar de incógnita. Un solo me gusta, y fuiste. Tu compañera aburrida del secundario, publicó en tu muro. Cerrás todo otra vez. Ya son las 16 30, lo comprobás en el celular. Lo volvés a mirar, no tenés mensaje nuevo, pero hay dos llamadas desconocidas perdidas de anoche. Sms viejo: “Contestá el cel.” Mirá si ese pobre ser necesitaba que le hicieras psicoterapia a las 5 de la mañana. Mirá si era el ex acosador. Mirá si... Sí, es obvio que es equivocado.

Te acordaste de que aparentás ser adulta. Un paseo por las responsabilidades y la bonita burocracia del pago de servicios públicos. El supermercado. Los productos light y el helado y el dulce de leche. El calor insoportable. Son las 18 30, mirás el celular. Tu otra amiga, que si querés ir a tomar algo, que ella también está aburrida. Divertidísimo, vamos a tomar una gaseosa a la plaza, vamos a charlar un montón y la vamos a pasar re bien. Te sentás entonces en la silla blanca pástica más aburrida del quiosco más aburrido del barrio, mientras ella se aflige contándote las penurias de su vida en pareja, y cómo extraña a su ex que se está por casar con la otra. Asentís con la cabeza, y tu mirada estática, ajena a la escena principal, recorre a los transeúntes. No conocés a nadie, qué más da.

Mejor nos volvemos, ya son las 20. Mirás el celular, ningún mensaje nuevo. Intercambiás clichés con dos vecinas, tales como: “Qué calor está haciendo  ¿No?” y “Bien, bien acá saliendo a tomar fresquito.” Tu amiga se va con sus mambos y no te preguntó lo que querías contarle. Abrís la puerta y de vuelta al círculo vicioso: ventilador- notebook- la gata- el ruido de la heladera. Pero mirás el celular, nuevamente querés saber la hora. De 13 a 20 30 cada sábado solés pensar que puede que haya una conspiración para que automáticamente actúes en una secuencia de sinsentidos.

 Pero tenés un mensaje nuevo, sonreís y se te olvida lo que estabas por hacer. Ese te rompió todos los esquemas del día. Y sabés que la noche recién empieza, no te importa más nada. Él está ahí.

sábado, 11 de febrero de 2012

Despertame, sonreí.

Vos tenés idea del poder mágico con el que me podés cambiar el día? Abrazame.
Tu sonrisa.
Tus abrazos, que viven en mi imaginación.
Es como dejar entrar al sol por la ventana
como dormir la siesta cuando está lloviznando,
y que me abraces, y que me toques.
Y que te rías, y que desees.
Es tan brillante tu sonrisa!
Que quisiera salir volando en mi bicicleta
y aterrizar a tu lado ahora que estás soñando.
Para que despiertes, y me despiertes a mí
con esa sonrisa tan linda.
Sabés que no habría nada, 
nada que me hiciera más feliz hoy.

sábado, 4 de febrero de 2012

Lágrimas de puño y letra.

Mayo 2009.
Nada es igual ahora que veo el río dormir en la sequía. El mundo se deshace, explota y gime. Y el más triste es el llanto de los ojos sin lágrimas. Ojos que ya se secaron de tanto llorar. Ya regalaron infinitas gotas, divinas. Porque las lágrimas son inmejorables, las ha vuelto perfectas el dolor.
Los años suelen recorrernos implacables, sin misericordia, no se vuelven eternidad como quisiera. A veces me parece que la juventud no fuera una realidad, y la infancia se volviera aún más remota. Ya no queda tiempo para el odio, porque corroe como ácido las entrañas y uno se muere de metástasis de rencores. Odio de mis insomnios y del porvenir que parecería no venir, se queda con rostros que nunca he visto y labios que todavía no han sido besados.
Sin animarme a clausurar el miedo es que hace tiempo no tengo ganas de reír y eso es una lástima, porque reír es una forma de arte y de belleza que no se apaga en el crepúsculo.
Las lágrimas como dije, a veces no salen, no mojan, no brillan. Entonces es que hay que tentar a las palabras, aprendiendo de las viejas guerras,
ganadas con puño y letra, en las que cada palabra era padecida para sufrir menos.
He llorado, me ha dolido, he mentido, he estallado. Me he levantado, he respirado, he confesado, he sobrevivido. Me he desvivido, morí y desmorí. Vivo. Viviré. Soy fuerte.
Todo esto me pertenece aunque me haya creído desvalida. Me pertenecen las palabras y los silencios. Mi dolor y mi paciencia. Aunque el dolor no responde interrogantes y siempre se refugie en los mismos escondites. Y mía es mi identidad que ahora está a media asta. Es una nueva forma de estar sola, reinventada. De preguntar ciertas cosas y que no responda nadie. Mi libertad es en cautiverio, es correr para atraparla. Y lo innombrable, lo increíble, también es mío si me animo a nombrarlo y si me animo a creerlo.

martes, 31 de enero de 2012

La ciudad sin nombre.


Y se fueron a soñar a la ciudad sin nombre
donde el tiempo se detiene a la hora de la siesta,
y los abrazos y las sonrisas 
se hacen eternos.
Esta es la ciudad de los deseos,
donde el pasado no existe,
el presente se hace infinito en un beso
y el futuro no importa, todavía no quiere llegar.
Cerrá tus ojos, bonito, y soñá
que los sueños nos acercan.
Ya estás durmiendo, te siento
Yo desde lejos te miro y te cuido,
(casi, casi te puedo tocar)

sábado, 28 de enero de 2012

Amaia



Esto lo esccribí hace tres años atrás, en el 2009 cuando pasaba por momentos muy duros en mi vida. Aunque hoy no piense exactamente igual, esta carta fue escrita para una niña imaginaria que me ayudaría a vivir. Tal como lo hizo.


Amaia es un ser especial que es, que existe en algún lugar, en alguna dimensión. No la he visto – eso creo- no la conozco porque todavía no ha llegado a mis tiempos. Pero es una niña, una mujer maravillosa. Un ángel. Tiene el cabello largo y yo le hago una trenza. Usa ropa parecida a la mía; faldas amplias, camina descalza y tiene en sus muñecas esas pulseritas que hacen música. Es pálida como yo pero tiene ojos grandes y boca de manzana.


Amaia está por ahí, no sé dónde… todavía no ha sido tiempo de que llegue. Yo la espero, preparo mi vida para su venida. Por ella es que cambiaré mis días, sé que debería haberlo hecho hace tiempo por mí, pero si no he tenido fuerzas o no he sido razón suficiente, sí las tendré por ella que será mi razón. Debo hacerlo por ella.


Amaia será libre, será feliz. Viviré por verla andar. Le enseñaré lo que sé, me enseñará aún más ella lo que sabe. Los niños son más sabios cuanto menos tiempo hayan pasado contaminándose en este mundo. Después, claro, la mayoría se vuelve como nosotros. Vienen con el conocimiento puro de la fuente, del origen universal.


Amaia es un ser puro, blanco, luminoso. La espero, la siento en algún lugar del alma. Sé que ella me elegirá, que aprenderemos la una de la otra. Su aparición en mi mundo me aclarará, me dará sentido. Es mi esperanza, mi ilusión de ser mejor.
La tomaré de la mano, le haré cosquillas. Comeremos frutas en el campo, le diré de los animales, le enseñaré de la naturaleza. Después seguirá su propio camino. Ella me re educará acerca de lo que yo creo que sé de la vida.


Yo un día le diré “hija”; y Amaia un día me llamará “Mamá”. Seremos las mismas, pero con otros nombres. Reales. Pero simples personajes en el teatro de la vida. Cuentos, pero de verdad.

viernes, 27 de enero de 2012

Lindo pero triste 1

Nada de triste, te dije.
Pero el sentimiento excede a las palabras, que no caben en un sms
ni mucho menos acá adentro.
Y entre sueños tuve que despertar para decirte
Que el corazón y las lágrimas me quisieron explotar.
Mi mundo cambió, ¿Sabés? Y es porque te quiero.
Porque es real... aunque el futuro parezca no prometer, yo...
Yo te quiero.

(Había dicho que no te escribiría más pero fue inevitable)


Que pases una linda noche, mi día hoy fue maravilloso.

miércoles, 25 de enero de 2012

Treinta y tres.

Mientras vos soñas, yo guardo esto como parte de mi tesoro.

Muchas palabras, o pocas
cuando a veces esas sobran.
Las lágrimas, querían ser caricias
pero no podemos llorar.

Un abrazo, treinta y tres ahora.
Deseos -todo es deseo-
Vos contabas las horas,
¿Ves que el reloj no existe?

¿Viste? -pensé- Esto es fuerte.
Y tiene un dejo de amargura.
Escuchemos -dije- juntos:
El corazón se nos quiere salir.

No puedo irme ¡Esto es fuerte!
No nos fuimos, estamos ahí.
Y el mundo cambió, 
adentro.

(...)

Las voces se fueron perdiendo
-se volvieron susurros en la noche-

Soñemos.

lunes, 23 de enero de 2012

Lunes a las seis.


Siempre te había mirado desde lejos, y vos no sabías que ese lunes yo me había puesto mi vestido más bonito para vos. ¿O sí sabías? Porque ese día me tomaste de la mano en la fila mientras izaban la bandera. Yo no te miraba, vos tampoco a mí. Serios. Eran las seis de la tarde y nuestros ojos no se encontraron. Pero el mundo se había detenido, y los únicos que existíamos éramos vos, yo y nuestras manos entrelazadas.
No me diste mi primer beso, pero quedaste para siempre en mi alma, a partir de ese lunes de otoño a las seis de la tarde.

domingo, 22 de enero de 2012

Sonrisas.

Son esos momentos cortitos que tal vez no vuelvan...
Hay sonrisas tan dulces e hipnóticas                   
que no se pueden borrar.
Y el corazón que galopa a mil por hora
Las mejillas sonrojadas y los ojitos brillantes

Una promesa de volar por el cielo en bicicleta.
Treinta y dos abrazos
al borde de la cama
 y una siesta en el fin del mundo.

Todo pasa a partir de un momento
que huele a vainilla
en un viaje que nunca se hizo,
suspirando un beso que nunca se dio.
(...)

Qué importa.
Si es que hay sonrisas tan...



Y como de costumbre buscando el sueño sin encontrarlo, mientras (esto escuchaba)
Sí, me puse tonta # mode on.


Te odio pero abrazame igual.

Y como del amor al odio sólo hay un paso, ojalá termine odiándote pronto.

A veces te odio con una fuerza indescriptible. Te odio por no decir ni hacer lo que yo espero. ¿Pero a quién engaño? Si en realidad me estoy odiando a mí misma por amarte cuando sé que es lo último que debería hacer. (y mientras te odio me muero por un abrazo)

Secretos.


  La sigue amando. ¿Es su ex? ¿Ella hace de histérica o todavía siente algo? ¿Es demasiado orgullosa? Yo hablando de gatos (tan naif) y él que los usa como metáforas que no llego a entender. Sé una parte oscura que él no se imagina. Ella conoce esa parte oscura de mi vida también. Son los secretos que nos hicieron conocernos por casualidad. Qué loco como se va por la vida sin conocer pasados ni sospechar presentes. ¿Él la amaría igual? Tal vez sí. Pero, qué gracia tendría si supiéramos todo. Ella es perfecta así. Y el  amor de él también. ¿Y cómo terminará la historia? No importa, hay secretos que mejor no descubrir nunca. Su amor es así de ideal.

sábado, 21 de enero de 2012

Lo que la lluvia se llevó.


Qué es el pasado sino hojas secas
que pisamos con los pies descalzos?
Crujen, chillan, se rompen.
Se hacen polvo y se las lleva el viento.
y los recuerdos son instantáneas en blanco y negro
que aparecen cuando se activa el interruptor de la nostalgia.
Donde hubo fuego, cenizas no quedan.
Ni eso, no te engañes.
Ya no te extraño,
 esta noche no.
(...)
Llueve.

Será posible que la lluvia me ponga siempre tan boluda?

¿Cómo hacés para dormir cuando llueve tanto?


 Esto escuchaba mientras escribía: (Thinking about you) 
1.
Me gusta saber que estás ahí
en aparente silencio
Más me gusta oír tu risa
pero con sólo saber que estás ahí,
aunque la ansiedad por saber cómo sigue
me perturbe el sueño,
(hoy sos parte de mi insomnio)
no me siento tan sola.

2.
El corazón que se quiere salir
 los ojos cerrados
la respiración en la nuca
mi pelo rozando tus labios,
tu pecho sobre mi espalda
el objeto de mi deseo, tuyo.
Y tus rodillas perfectamente acomodadas
sobre el dorso de las mías.


3.
Quiero en el medio de la noche,
sentir tu respiración agitada
Jadeante, perturbado y excitado,
te quiero.

4.
Ya vamos a dormir, nene?
Que está por amanecer.
Vos allá, yo acá
Y uno de estos días
nos encontramos en la plaza a las tres
en el banco de siempre
donde el sol te pegue en la cara
y tus ojos se vean de color miel.


No ha parado de llover y la ventana está entreabierta.

jueves, 19 de enero de 2012

This is a true story, ladies.

Here I am honey... I`m yours!
Me contó una amiga, que a una amiga le contaron (!) que cierto energúmeno del pasado le había enviado al celular una foto de su gran "vergüenza" izado a media asta.
A ver, qué sorcho pensaste? Que la otra iba a correr a llorarte:
"Oh, I`m so sorry about everything.... I`ll forgive you, I don`t care if you cheated on me or if you used to watch porn every night. I don`t mind for the only reason that you have that ...PITO GRANDE."
Por diorrr pibe! No seas pelotudo.

(Esto pasó, pasa y seguirá pasando)

miércoles, 18 de enero de 2012

Él, Vos, Aquél y Yo.

Ya no sé hace cuántos domingos que no te veo. Y la casa es un desastre.
Tres, dos, uno, yo y ninguno.
Como si no tuviera suficiente.
Siete cigarrillos apagados frente a una sonrisa pixelada.
Una carta, varios poemas sin título ni dedicatoria.
Un corazón agolpado en la camisa azul.
La taquicardia eterna y el insomnio.
Dos manos con un pasado inconfesable.
Tu narcisismo insoportable  y  mi falsa modestia.
Un café, noches largas y pocos días.
Él, vos, aquél y yo.

The truth is not what you know, it`s what you feel.

Mentira!
Y claro, de vez en cuando tiene esos arranques de locura irracional. Dice güevadas no más. Bonita ella, que le pasa tan seguido; es un animalito del bosque a veces.

Mientras dormís 2.

Qué lástima que no tuvimos el gusto de conocernos, no?
Vos con tantas ganas de abrazar y yo…
Bueno, yo soy un poco más arisca pero igual si querías me dejaba, eh.
Pero digo, realmente es una pena.
Mirá que yo había aprendido a dar besos.
No, no es que estuve ensayando con el espejo para impresionarte.
Son sólo técnicas que aprendí jugando a la botellita.
También aprendí otras cosas, un poco de todo, bah.
Y si me enteraba antes, también hubiera sabido cómo acariciarte el pelo.
Pero, hay pasados innombrables.
Presentes que se enredan y futuros que no nos prometen.
Qué lástima, estoy segura de que vos y yo, nos hubiésemos querido mucho.
Amigos? :)
nah... son cosas que uno dice en la siesta.

Mientras dormís.

...Suena en secreto una melodía dulce, la más. Mientras tus ojos están cerrados.
 Entonces… ahora sí podemos ir de paseo despacito en tu bici como me prometiste, que la lluvia está empezando a besar y esta canción nos hace cosquillas en la panza.
 ¿Querés?
 Porque esta tarde mientras soñás, las ciudades no tendrán nombre, y si seguís dormido te prometo que ahora mismo te puedo abrazar.
(Qué lástima que...)---> to be continued