martes, 13 de noviembre de 2012

Un cuadrito en la pared.


La soledad. Pienso en vos y miro el cuadrito en la pared.
Nos abrazamos. Y mientras estoy entre tus brazos miro a través de tu hombro hacia la nada y ahí es cuando te veo con los ojos cerrados, respirando. Respiro. 
Respiro sosteniendo el aire como si pudiera guardarme el tiempo en el pecho. Por un rato más, al menos. 
El abrazo se suelta de golpe, con el apuro de no querer demorar lo impostergable.
Cierro los ojos. Respiro. Los abro y ahí estás, yéndote. Con los ojos como necesitando en silencio desde el vidrio de la ventana. Me mirás, te miro, cada vez más lejos. Nos fuimos, otra vez. Otra horrible vez.

Saco las llaves apurada (¿Para qué?) y abro la puerta. Si ya no estás.
La soledad. La felicidad y la tristeza cronológicamente programadas. El día que se vuelve silencioso y la noche que se llena de ruidos. El insomnio, otra vez. 

Respiro. Abro los ojos, pienso en vos y me veo mirando el cuadrito en la pared. Ahí estamos, representados en un futuro que se dibuja perfecto. Uno que promete y cumple.
Ya no estamos ni tan solos ni tan lejos. 
Ahí estás vos, dentro mío. Y en el perfume que dejaste en el aire.
Acá estoy yo, extrañando futuros que aún no sucedieron. Esperándote, otra vez.


3 comentarios:

  1. Quizás hay que aprender a mirar fuera del cuadro para olvidar a la soledad. Excelente, gracias por compartir. @siemprevoysolo

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  2. Esperar es una interminable microsoledad. Hasta que termina y después vuelve a empezar. Un circulo vicioso. De vicios que no se entienden.
    Yo hoy también espero.Quizás demasiado.

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    1. Me dejaste pensando. De cuando uno elige que el círculo se vuelva vicioso. En este caso, la nuestra es una soledad momentánea. Eso espero, realmente eso espero.

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