sábado, 20 de octubre de 2012

Otra carta sin enviar.


Sábado a la noche y.. ¿Otra vez ya es mañana? Domingo. Otra vez domingo. Los sábados no me gusta ir a dormir temprano, aunque me quede en casa. Prefiero extender la previa de ese día al que incluso después de diez años de vivir sola, no me he acostumbrado. Pero hoy dicen que es el día de la madre. No sé, así dicen. Y entonces pensé en escribir. En escribirte.

Recuerdo esos domingos a la mañana. Me iba corriendo hasta tu cama y te miraba mientras dormías, como queriéndote decir: ¿Te acordás de mí? Soy la que canta en voz alta, la que escribe con crayones las paredes, la que corta las rosas de la abuela y le echa la culpa de todo a los gatos. Soy la de la biblioteca, la de las manzanas verdes debajo del árbol de la plaza. La de las manos embarradas. Soy yo, la que pasa las mañanas en la carpintería porque nunca estás.

¿Pero vos quién sos?
Recuerdo tu pelo ondulado hasta los hombros, tus carteras enormes llenas de todo y nada, tus ojeras, tu palidez y tu café. Tus manos grandes, frías y descuidadas. Tu tristeza y tus ganas de escapar ocultas bajo tu rostro inmutable. Tu incapacidad para mantener una conversación durante más de tres minutos.
¿Te acordás cuando te leía lo que escribía? Mirabas fijo, con los ojos extraviados, pensando quién sabe en qué otras cosas. Te adormecías. Tus ojos siempre vacíos de lágrimas y llenos de ausencias. Tu eterna ausencia. A veces también cantábamos ¿Te acordás? Es probable que ya no.

Tal vez mi sensibilidad para recordar los detalles me juegue en contra y me haga exagerar momentos y situaciones. Pero así te recuerdo. Y así también olvido: con todo.
Te fuiste dos días antes de mi cumpleaños ¿sin decir adiós? Tal vez lo dijiste y no lo escuché. Tal vez fue un hasta luego porque vos tampoco querías irte. Dejame, que yo de vez en cuando lo quiero pensar así. 
Qué paradoja la de no encontrarte aún sabiendo dónde estás. A veces me vuelvo a preguntar qué habré hecho mal, a veces creo que hice las cosas demasiado bien. Crecí y hay cosas que ya no duelen tanto.

Hoy es un día extraño. No sé para qué habrán inventado días como estos. Después pienso que tal vez llegue uno en el que yo sí pueda festejar en paz. De hecho, estoy segura de que lo voy a hacer. Ojalá llegues a verlo y te haga bien verme feliz. Aunque sea a la distancia, no importa. Hoy no te voy a decir feliz día. Hoy te voy a decir aunque nunca llegues a escucharlo, que después de muchos años te perdoné. 

Ojalá alguna vez nos volvamos a encontrar en serio, mamá.

2 comentarios:

  1. Me hiciste llorar. Que hermoso que escribis, gracias por compartirlo :)

    ResponderEliminar