domingo, 29 de julio de 2012

Otra mirada sobre el amor.

A este texto lo armé en base a conceptos de otro que escribí cuando tenía once o doce años. Esto pensaba y sigo pensando quince años después.


Siempre tenemos como una de las premisas principales que el verdadero amor no es egoísta. Pero al mismo tiempo también todos estamos de acuerdo con que el que no se ama primero a sí mismo no puede amar a otro. Y definitivamente hay una contradicción entre estos dos conceptos. El ego es una instancia en la que nos hacemos concientes de nuestra propia identidad como personas y nos reconocemos como yo. Concepto básico de psicología que recolecté por ahí, algún día no sé cuándo y se quedó en mi memoria para formar parte de la amplia "fauna" de recuerdos que se mezclan con mi propia visión del mundo. Qué sé yo, me gusta afirmar conceptos que reinvento y después considero universales. Y me gusta irme por las ramas.


Sigo. Estoy hablando más precisamente del amor de pareja o amor romántico, si es que el amor admite algún tipo de etiqueta. Ese amor que desde siempre ha sido objeto de innumerables odas a su nombre. Nos encanta escribirle al amor, nos fascina idealizarlo y creer que es como a nosotros nos conviene que sea. Lo más maravilloso que existe en el universo, o el sentimiento más inútil y cruel que nos hizo víctimas de traiciones y engaños de todos colores.


¿De dónde viene el amor? Ó ¿Para qué amamos o por qué amamos?
Aunque a nuestra mirada romántica del asunto le parezca inconcebible -porque a veces el sentir no permite pensar y viceversa- no se ama gratuita, desinteresada ni incondicionalmente.
(Y es ahora cuando por esta puerta que se encuentra a mi izquierda irrumpen violentamente sicarios enviados por los defensores del amor, psicólogos portando armas y espectadores fanáticos de las novelas mexicanas de la tarde.) Me volví a ir.


Resulta que no hace mucho, hará cosa de dos o tres años me vengo a chocar de frente con otro concepto de esos contradictorios que me encanta pensar y repensar, hacer y deshacer y de los cuales no puedo asegurar la fuente ni la completa objetividad. A mí también me gusta añadir y quitarle matices a las verdades según mi antojo. Hablo del egoísmo ético. Todo lo contrario al altruísmo.
Egoísmo ético ¿Cómo puede ser posible la combinación de palabras que parecen tan opuestas? Si hasta parece que una negara la existencia de la otra. Y es que en nuestra mente el egoísmo sólo tiene connotaciones negativas. Y bueno, la definición tampoco es maravillosa. Afirma que ayudar (amar en este caso) lleva implícito un beneficio simultáneo o posterior para nosotros mismos. Amamos como medio para. 
Amamos para ser felices, para no sentirnos solos. Amamos principalmente para sobrevivir emocionalmente. Estamos destinados a sentir amor.
Amamos para llenar lo que nos falta, para encontrarnos en el otro. Nos sentimos incompletos y vivimos en la búsqueda constante de esa pieza que encaje perfectamente en nuestro rompecabezas. Somos y entonces puedo ser.


Y es sobre todo en esa etapa divina del enamoramiento inicial, llena de luces, música y colores cuando se potencia todo esto. Quiero y necesito que estés la mayor cantidad de tiempo posible conmigo, quiero parecerte la persona más hermosa, linda y perfecta. Quiero que me desees, que me quieras a tu lado, que me pertenezcas. A mí y sólo a mí.
Después, en el mejor de los casos y si todo marcha bien, llegan las certezas y tal vez el amor. Y es entonces cuando "daría todo" para que seas feliz. Quiero verte cumplir tus sueños, quiero contenerte, quiero protegerte y en algunos casos el pensamiento obsesivo de que "si te pasa algo me muero", porque el amor suele generar dependencias casi inevitables. Porque eso me hace feliz a mí -te amo.- Vos me amás porque te hace feliz y sos feliz porque me amás. Y si yo te correspondo, felicidad completa. Y esto implica ganancia por donde se lo mire. Nos hacemos felices.
No es algo negativo. Después de todo el verdadero amor con el tiempo se va depurando y lleva consigo muchas renuncias y entregas personales que le permiten seguir vivo.


Nunca falta el caso del que alega que le rompieron el corazón. El que no puede olvidar porque "ama demasiado". Muchas veces no pueden aceptar que no tienen herido el corazón, lo que tienen herido es el ego. No estoy herido porque no puedo hacerte feliz, me duele no poder ser yo feliz con vos. No es fácil asumir el no ser correspondido. Y ahí se ve todo más claramente. "Te necesito." "Me duele" y un te extraño que suele significar "Me extraño con vos."


No se trata de bastardear al amor. Si lográramos asumir que no somos perfectos y que por lo tanto nuestro amor tampoco puede serlo -todos nuestros sentimientos como humanos son limitados- nos ahorraríamos muchas decepciones.
Yo estoy enamorada. Yo amo. Es lo que resignificó mi vida y le dio sentido. Todos estamos de acuerdo con que el amor, sobre todo cuando es correspondido, es lo mejor que nos puede pasar en la vida. Escribo esto porque como siempre digo, mi mente es un continuo fluir de ideas que se enroscan y desenroscan en sí mismas, porque me gusta pensar las cosas al derecho y al revés y porque escribir para mí es vomitar cósmicamente. Aunque, para ser sincera, la mayoría de mis reflexiones no me llevan a ningún lado. En esto de los sentimientos uno puede analizar todo lo que quiera, pero a la hora de actuar todo sigue en el mismo lugar. No soy la más indicada para bajar de un hondazo a los que viven en las nubes.
Porque como alguna vez dije: "Me puse a pensar y prefiero sentir."