domingo, 12 de febrero de 2012

Crónica de un sábado.


Todo comienza con la sábana en el piso -la misma que te protegía de aliens asesinos- y un maullido demandante. Mirás el celular, releés tres sms de anoche y al menos te levantás con una sonrisa, sabés que hoy va a ser un día aburrido. El teléfono te dice que son las 8:30, has madrugado como consecuencia de la costumbre y de haber consumido estimulantes en exceso hasta las 4 am (piénsese en café, Coca Cola y cigarrillos) De un salto salís de la enorme cama, que no se nota ya tan enorme, total siempre dormís del mismo lado.

Fabuloso, comienza el sábado. Ya son las 13 y que si vamos acá o allá, que esto y lo otro, que mejor allá. Sabés que el novio la va a convencer de ir a otro lado juntos, no te ilusionás. Una semana que no prendés la tele. Tres canales locales. La patética programación de sábado al mediodía si no tenés el cable. Off. Almorzaste y te vas de su casa.

Encendés la computadora, y el eterno loop de aburrimiento continuo de las redes sociales. Abrís y cerrás todo rápidamente, tratás de estar de incógnita. Un solo me gusta, y fuiste. Tu compañera aburrida del secundario, publicó en tu muro. Cerrás todo otra vez. Ya son las 16 30, lo comprobás en el celular. Lo volvés a mirar, no tenés mensaje nuevo, pero hay dos llamadas desconocidas perdidas de anoche. Sms viejo: “Contestá el cel.” Mirá si ese pobre ser necesitaba que le hicieras psicoterapia a las 5 de la mañana. Mirá si era el ex acosador. Mirá si... Sí, es obvio que es equivocado.

Te acordaste de que aparentás ser adulta. Un paseo por las responsabilidades y la bonita burocracia del pago de servicios públicos. El supermercado. Los productos light y el helado y el dulce de leche. El calor insoportable. Son las 18 30, mirás el celular. Tu otra amiga, que si querés ir a tomar algo, que ella también está aburrida. Divertidísimo, vamos a tomar una gaseosa a la plaza, vamos a charlar un montón y la vamos a pasar re bien. Te sentás entonces en la silla blanca pástica más aburrida del quiosco más aburrido del barrio, mientras ella se aflige contándote las penurias de su vida en pareja, y cómo extraña a su ex que se está por casar con la otra. Asentís con la cabeza, y tu mirada estática, ajena a la escena principal, recorre a los transeúntes. No conocés a nadie, qué más da.

Mejor nos volvemos, ya son las 20. Mirás el celular, ningún mensaje nuevo. Intercambiás clichés con dos vecinas, tales como: “Qué calor está haciendo  ¿No?” y “Bien, bien acá saliendo a tomar fresquito.” Tu amiga se va con sus mambos y no te preguntó lo que querías contarle. Abrís la puerta y de vuelta al círculo vicioso: ventilador- notebook- la gata- el ruido de la heladera. Pero mirás el celular, nuevamente querés saber la hora. De 13 a 20 30 cada sábado solés pensar que puede que haya una conspiración para que automáticamente actúes en una secuencia de sinsentidos.

 Pero tenés un mensaje nuevo, sonreís y se te olvida lo que estabas por hacer. Ese te rompió todos los esquemas del día. Y sabés que la noche recién empieza, no te importa más nada. Él está ahí.

1 comentario:

  1. Muy cierto, esos sms rompen por completo con nuestra rutina y le dan felicidad pura a nuestros días. Besos nena te sigo :)

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