martes, 28 de febrero de 2012

Porque te necesito.

Hoy no me siento bien y desde la cama me pregunto tantas cosas...

¿Por qué cuando el pasado deja de ser innombrable el futuro te ilusiona y promete?
Por qué extraño lo que todavía no tengo.
Por qué si duermo mucho siento que vivo menos.
¿Por qué la siesta es ese horario en el que más te deseo?
Por qué la lluvia me inspira y deja brisa en su despedida.
¿Por qué si imagino tu beso, el mundo entero pierde importancia.
¿Por qué los corazones insomnes a veces laten y a veces no?
Por qué ya decidí que voy a ser tuya.
¿Por qué te necesito abrazándome muy fuerte ahora?

domingo, 26 de febrero de 2012

Paseos nocturnos I

Clara era una caminante insomne. Caminaba sola y solía perderse cuando el atardecer moría. Le gustaba vagar por las calles de la ciudad, y aunque siempre frecuentaba los mismos lugares, ante la más mínima distracción perdía el rumbo, pero no le molestaba en absoluto; se entretenía observando personajes nuevos bajo la luz tenue de la luna. Los miraba reírse, moverse y hasta a veces gritar. Bajo el hechizo de su idilio nocturno, a veces tenía dificultad para diferenciarlos de fantasmas. De todas formas no la asustaba; los recorría con curiosidad, los estudiaba íntegramente y les atribuía las cualidades que a ella le convenían ocasionalmente.


Le gustaba pasar las noches sumida en ese trance perfecto: la realidad y la irrealidad fusionadas, la tranquilidad y el alma inquieta, la seguridad caprichosa y los flashes fugaces de aquellos vestigios de sus temores pasados. A veces, el silencio. Otras, le parecía oír una música proveniente de algún otro corazón que latía en algún otro sendero remoto al mismo tiempo que el suyo. Ella sentía una conexión extraña con esos seres y personajes, que tal vez eran más reales de lo que le parecían.Se volvían lugares comunes, sitios recurrentes. Cada vez se le hacían más y más conocidos.


Clara seguía caminando, ya nada la atemorizaba. No hacía frío y la brisa nocturna bailaba rozándole la piel y enfriándole las mejillas. Muy pocas veces redirigía la mirada hacia abajo, no temía tropezar. Es cierto que a veces perdía el sentido de la espacialidad y del tiempo, pero insistía en mirar hacia arriba y adelante. La fría y blanca luz de febrero, a las cinco de la mañana, era una guía más que adecuada para encontrar el camino de vuelta a casa y le permitía continuar con su tarea de eterna vouyer de madrugada.
Ella era una mujer joven pero que había vivido mucho. No necesitaba dormir, se había convencido de estar más allá de sus demandas físicas. Sus deseos y vivencias eran experimentadas de forma casi extracorpórea y había aprendido a prescindir de algunos de sus sentidos. Deseaba, amaba y odiaba sin necesidad de su cuerpo.


(Pero.) Pero después de un cúmulo importante de noches, cierto día, cierta luna, cierta noche, además de esa musiquita recurrente de aquel corazón que creía imaginario y lejano, Clara sintió un golpeteo vivo dentro suyo. Dolía, o no. Saltaba, sonaba, se movía, se sentía, estaba viva. Los personajes que vagaban despreocupados a la vera del camino, esta vez con los rostros inexpresivos, carentes de gesto alguno y guardando un silencio casi respetuoso. La luna seguía brillando, altísima y voluptuosamente pálida. Mientras, ella, sin dejar de caminar, se compenetraba con esa nueva vida subyacente de su pecho. Ahora sentía, misteriosamente podía recordar una experiencia similar lejana en el tiempo. Dentro suyo había voces vivas. No estaba dormida pero se sentía como despertando.La musiquita de aquel otro corazón, en aquel otro camino, en aquella otra ciudad imaginaria, estaba sonando cada vez más fuerte.
(Continúa)

jueves, 23 de febrero de 2012

Vomitando tinta.

En la calle estoy. De pie, vomito mis sentimientos en el interior de la libreta verde mientras espero un taxi. Esto sería una ironía si... Salen desprejuiciadas, desmesuradas, rápido, sin permiso. No dan tiempo a que las piense. Traspasan la barrera de lo conciente y de lo racional. Ahí viene. Me-Interrumpo.


Sigo. Las palabras se tuercen y desvían en tinta azul por el movimiento. Mis ideas. Mis emociones también. Pero es ahora, tienen la urgencia del ya. Releo. No sé bien qué decir. Tengo miedo, y a la vez una caprichosa y soberbia seguridad en todo. Esa soberbia tan típica que me caracteriza cuando me sobrepongo.


Me mareo. Esto de viajar y escribir a la vez nunca se me ha dado bien. Voy a tener que dar explicaciones hoy. Dármelas. Aunque todo está más claro de lo que parece -como siempre-.


El conductor me habla. Llueve. Yo asiento con la cabeza simulando escucharlo. El mareo. Las ganas de vomitar. Las palabras. Abro la ventanilla, tomo aire y la llovizna me salpica un poco. No puedo seguir. Me-Interrumpo.


El semáforo. Sigo. Hay demasiado tránsito y varias calles cortadas. Sé que voy tarde y no me animo a mirar la hora. Los párrafos se siguen moviendo. Todo se mueve afuera. Y por dentro mío. Señor, si usted supiera que la música que está sonando no me ayuda en estos momentos. Son veintidos pesos con cincuenta.


Corro aún mareada hasta la puerta. Los mismos rostros hacen las mismas muecas, las mismas predecibles frases hechas que pueden aplicarse en estas circunstancias. Ya casi nada me sorprende.


Otro café bien cargado ¿Te parece... otro más? -dos sorbos- Suspiro y te recuerdo mientras atiendo el teléfono. Pese a casi tres noches sin dormir, sigo siendo capaz de hacerlo mientras doy vuelta esta hoja y sigo. Sigo escribiendo.


Tengo un sentimiento acá que se arremolina y sigue subiendo. Se instala en el pecho. Sabés cómo es el sentimiento. Se fue el miedo -otro sorbo de café-. Pienso lo que dijiste anoche. Tal vez, tal vez alguien pueda irrumpir en el silencio y la ausencia y borrar todo. De nuevo. Sea cual sea la forma que tome el mañana.


El café ya está frío para mi gusto. Vuelve a sonar mi interno. Son las 4: 15 y tenemos una reunión en quince minutos. Me-Interrumpo. Tal vez siga cuando vuelva.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Sos vos.

I
Sos vos, yo. Desnuda. Esa mirada, tu mirada... Otra vez la respiración. El movimiento. El calor; el tuyo. La piel. Es una sola. Tu beso y mi beso. Una sola boca. El corazón saliéndose. La agitación y la sed de... El sentimiento [Amor] Los deseos. Y el deseo consumado.

II
Despedida de una noche. Otra vez tu piel. Mi mejilla sobre tu pecho. El latido de tu corazón sincronizado con el mío. Aprendimos.Tu respiración. Late. Respiro. Te respiro. Tus párpados pesan. Un suspiro... Tu aire sobre mí. Mi pelo suelto acaricia tu cuerpo.

III
Abrir los ojos y verte dormir aún. El sol. Sonreír. Mirarte respirar. Otra vez. Tu piel que ahora es mi piel. Tu cuerpo y tu olor. Volver a sonreír. Y que el corazón empiece. Vuelva a latir.


Este ha sido un día interminable, he soñado despierta y he visto salir el sol dos veces seguidas. Pero en mi mente las cosas están más claras que nunca. Hay algo mucho más fuerte. Quema. Explota. Surge. Deviene. Hacia el mañana. ¿Cómo saberlo?
Es como un eterno déjà vu, vivir rodando en el interior de una esfera onírica. Sueños, tantos sueños... que se deslizan a toda velocidad, cuesta abajo hacia no sé dónde ¿Hacia el mañana? ¿Y cómo saberlo? Siempre lo supe -te escribí- ya no busco más desde que te amo. Sos vos.

domingo, 19 de febrero de 2012

Insomnio


El insomnio me abraza fuerte
Ahuyenta, espanta
los malos sueños.
Se apodera, se establece.
Desnuda. Siempre
la realidad
[me desnuda]
Vuela como un pájaro de vidrio
sobre estas palabras entrelazadas.
Sonríe, ya no llora.
[porque te pienso]
Contiene. El silencio.
Pero no me silencia.
Resuelve el laberinto.
[porque te encuentro]
Predice el amanecer.
El futuro.
Realidad que supera los sueños
[te sueño]


"Sleep sugar, let your dreems flood in. Like waves of sweet fire, you`re safe within. Sleep sweetie let your flood come rushing in and carry you over to a new morning"


martes, 14 de febrero de 2012

Un café a las tres.

Feliz San Valentín.


Son más de las tres de la mañana, ya sabés cómo el insomnio a mí me devora. O yo lo devoro a él. ¿Un café, a esta hora? Pensé en sacarme la ropa y obligarme a tumbarme en la cama a recomenzar el mismo libro de filosofía que nunca llega a la mitad. Últimamente me distraigo con demasiada facilidad, muy ocupada formulando y reformulando hipótesis, sueños y mentiras-verdades. Qué despropósito; sería un desperdicio, prefiero escribir. Escribirte.

Si te fijás no estamos tan lejos como parece, ni tan solos. Vos estás ahí. Lejos. Cerca. Dentro mío. Yo. Ni víctima ni victimaria de mi propia existencia. Al final, todas las verdades son más simples de lo que parecen. Y estoy tomando un café, y fumando otro cigarrillo. Me quema. Me quemo adentro. Otra vez ¿Y qué? Igual espero con ansias en cuatro horas volver a andar. Dejé la ventana abierta, llueve, a mí la lluvia siempre me ha inspirado. Se oye ese sonido y el de mi respiración, y estoy concentrándome en acompasarla imaginariamente con la tuya. Tu aire. Parece amor.

Hubo un momento en el que dejé mis sueños en el espejo. Tenía un suspiro mudo en lugar de sonrisa. Caminaba. Miraba. No veía. Estaba embadurnada de una realidad símil realidad, enlatada en la nada misma. En el todo.
Catástrofe emocional. Miedo. Se distorsionaron las líneas auxiliares que había trazado mi mente para inmunizarme. ¿De qué? Hacía mucho que no escuchaba ese golpeteo. Corazón. Era amor.

El reloj. Nuevamente un maullido. Voy, vengo, camino. Vuelvo. El vientito me da en la espalda. Dos escalofríos. Sigue haciendo sus danzas en mi pelo suelto. Tengo los ojos cansados y las manos inquietas. Escribo. Te escribo. Con un secreto temor a un nuevo golpe, me siento. Y pienso. Te pienso. ¿Cómo se empieza? Bah, ¿Cómo se sigue?
Soplo con aire distraído la espuma de jabón de mi alrededor. Vago. Sigo pensando. Tranquila, sosegada. Digo, estoy viva. Siento. Te siento. ¿Y qué? Es amor.

Como siempre, desvarío. O no. Pero ahora estoy segura. Aún cuando parezco enredada en medio de  todas estas palabras, así es como me encuentro. Te encuentro. Y a las cuatro de la mañana sigo. Sigo pensándote. Esto es más fuerte. Yo te amo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Crónica de un sábado.


Todo comienza con la sábana en el piso -la misma que te protegía de aliens asesinos- y un maullido demandante. Mirás el celular, releés tres sms de anoche y al menos te levantás con una sonrisa, sabés que hoy va a ser un día aburrido. El teléfono te dice que son las 8:30, has madrugado como consecuencia de la costumbre y de haber consumido estimulantes en exceso hasta las 4 am (piénsese en café, Coca Cola y cigarrillos) De un salto salís de la enorme cama, que no se nota ya tan enorme, total siempre dormís del mismo lado.

Fabuloso, comienza el sábado. Ya son las 13 y que si vamos acá o allá, que esto y lo otro, que mejor allá. Sabés que el novio la va a convencer de ir a otro lado juntos, no te ilusionás. Una semana que no prendés la tele. Tres canales locales. La patética programación de sábado al mediodía si no tenés el cable. Off. Almorzaste y te vas de su casa.

Encendés la computadora, y el eterno loop de aburrimiento continuo de las redes sociales. Abrís y cerrás todo rápidamente, tratás de estar de incógnita. Un solo me gusta, y fuiste. Tu compañera aburrida del secundario, publicó en tu muro. Cerrás todo otra vez. Ya son las 16 30, lo comprobás en el celular. Lo volvés a mirar, no tenés mensaje nuevo, pero hay dos llamadas desconocidas perdidas de anoche. Sms viejo: “Contestá el cel.” Mirá si ese pobre ser necesitaba que le hicieras psicoterapia a las 5 de la mañana. Mirá si era el ex acosador. Mirá si... Sí, es obvio que es equivocado.

Te acordaste de que aparentás ser adulta. Un paseo por las responsabilidades y la bonita burocracia del pago de servicios públicos. El supermercado. Los productos light y el helado y el dulce de leche. El calor insoportable. Son las 18 30, mirás el celular. Tu otra amiga, que si querés ir a tomar algo, que ella también está aburrida. Divertidísimo, vamos a tomar una gaseosa a la plaza, vamos a charlar un montón y la vamos a pasar re bien. Te sentás entonces en la silla blanca pástica más aburrida del quiosco más aburrido del barrio, mientras ella se aflige contándote las penurias de su vida en pareja, y cómo extraña a su ex que se está por casar con la otra. Asentís con la cabeza, y tu mirada estática, ajena a la escena principal, recorre a los transeúntes. No conocés a nadie, qué más da.

Mejor nos volvemos, ya son las 20. Mirás el celular, ningún mensaje nuevo. Intercambiás clichés con dos vecinas, tales como: “Qué calor está haciendo  ¿No?” y “Bien, bien acá saliendo a tomar fresquito.” Tu amiga se va con sus mambos y no te preguntó lo que querías contarle. Abrís la puerta y de vuelta al círculo vicioso: ventilador- notebook- la gata- el ruido de la heladera. Pero mirás el celular, nuevamente querés saber la hora. De 13 a 20 30 cada sábado solés pensar que puede que haya una conspiración para que automáticamente actúes en una secuencia de sinsentidos.

 Pero tenés un mensaje nuevo, sonreís y se te olvida lo que estabas por hacer. Ese te rompió todos los esquemas del día. Y sabés que la noche recién empieza, no te importa más nada. Él está ahí.

sábado, 11 de febrero de 2012

Despertame, sonreí.

Vos tenés idea del poder mágico con el que me podés cambiar el día? Abrazame.
Tu sonrisa.
Tus abrazos, que viven en mi imaginación.
Es como dejar entrar al sol por la ventana
como dormir la siesta cuando está lloviznando,
y que me abraces, y que me toques.
Y que te rías, y que desees.
Es tan brillante tu sonrisa!
Que quisiera salir volando en mi bicicleta
y aterrizar a tu lado ahora que estás soñando.
Para que despiertes, y me despiertes a mí
con esa sonrisa tan linda.
Sabés que no habría nada, 
nada que me hiciera más feliz hoy.

sábado, 4 de febrero de 2012

Lágrimas de puño y letra.

Mayo 2009.
Nada es igual ahora que veo el río dormir en la sequía. El mundo se deshace, explota y gime. Y el más triste es el llanto de los ojos sin lágrimas. Ojos que ya se secaron de tanto llorar. Ya regalaron infinitas gotas, divinas. Porque las lágrimas son inmejorables, las ha vuelto perfectas el dolor.
Los años suelen recorrernos implacables, sin misericordia, no se vuelven eternidad como quisiera. A veces me parece que la juventud no fuera una realidad, y la infancia se volviera aún más remota. Ya no queda tiempo para el odio, porque corroe como ácido las entrañas y uno se muere de metástasis de rencores. Odio de mis insomnios y del porvenir que parecería no venir, se queda con rostros que nunca he visto y labios que todavía no han sido besados.
Sin animarme a clausurar el miedo es que hace tiempo no tengo ganas de reír y eso es una lástima, porque reír es una forma de arte y de belleza que no se apaga en el crepúsculo.
Las lágrimas como dije, a veces no salen, no mojan, no brillan. Entonces es que hay que tentar a las palabras, aprendiendo de las viejas guerras,
ganadas con puño y letra, en las que cada palabra era padecida para sufrir menos.
He llorado, me ha dolido, he mentido, he estallado. Me he levantado, he respirado, he confesado, he sobrevivido. Me he desvivido, morí y desmorí. Vivo. Viviré. Soy fuerte.
Todo esto me pertenece aunque me haya creído desvalida. Me pertenecen las palabras y los silencios. Mi dolor y mi paciencia. Aunque el dolor no responde interrogantes y siempre se refugie en los mismos escondites. Y mía es mi identidad que ahora está a media asta. Es una nueva forma de estar sola, reinventada. De preguntar ciertas cosas y que no responda nadie. Mi libertad es en cautiverio, es correr para atraparla. Y lo innombrable, lo increíble, también es mío si me animo a nombrarlo y si me animo a creerlo.